Travesía al Campo Base del Everest en Nepal

El glaciar y el Everest, la montaña más alta del mundo
El glaciar y el Everest, la montaña más alta del mundo

Tras la caminata alrededor de las montañas que conforman el area de conservación del Annapurna, llegué a Pokhara donde pude hartarme de carne en el Everest Steak House. Dos días estuve en la ciudad y dos veces consecutivas me tragué un buen solomillo al ajo bien rojito y tierno. Me lo habían recomendado durante el trekking anterior y tras tantos días comiendo arroz y lentejas no pude resistir la tentación de pegarme unos buenos atracones de carne vacuna.

Volví a Katmandú para preparar el visado a la India, mi siguiente destino, y mientras esperaba que la burocracia hiciera su lento camino, descansé un poco las piernas después de más de 200 kilómetros pateados por la montaña y seguidamente me puse nuevamente las botas para realizar el trekking al Everest.

El trekking al campo base del Everest original consiste en una sola ruta de ida que dura unos 17 días más 3 de retorno a Luckla donde se puede volar a Katmandú de vuelta. El único transporte posible en esas montañas donde habitan los sherpas y los yetis es la avioneta, ni carreteras, ni motos, ni historias. Solamente una pista de aterrizaje y despegue en medio de las montañas más altas del mundo. Hoy en día la mayoría de senderistas ya sólo realizan la ruta desde Luckla evitando mitad del recorrido desde Jiri hasta Luckla. En mi caso, traté de evitar el avión y llegar en autobús al punto de partida.

Sherpa partiendo de la población inicial de Jiri, a partir de aquí desaparecen las carreteras
Sherpa partiendo de la población inicial de Jiri, a partir de aquí desaparecen las carreteras

Día 0 Katmandú – Jiri

A las 5:30 partía el autobús de Katmandú en dirección a Jiri desde la vieja estación de la capital. Si la nueva ya era un caos en sí misma, ¡imaginaos como era la vieja! Por suerte tenía la información escrita en nepalí y no tuve problemas en encontrar el autobús correcto.

everestFue un viaje de 11 horas de subidas y bajadas por valles preciosos, con paradas cada veinte minutos, con gente apiñada en el pasillo y otros saltando al tejado de la tartana. Tenía la mochila en el techo del autobús y con tanto nepalí subiendo y bajando, me subí también a controlar la mochila no fuera caso que empezáramos el trekking sin las botas. Así que subido al techo de la tartana disfruté de la brisa y de las buenas vistas a mi alrededor.

Llegamos al pueblo de Jiri donde yo era el único turista que habían visto en 4 días. Lo supe al tener que rellenar un libro de visitas y observar que los últimos apuntados lo habían hecho hacía ya una semana. Obviamente, en pocos minutos ya tenía a una docena de tíos pregonando las maravillas de su hostal a mi lado. Llovía, para variar, y escogí el que mejor hablaba inglés y me prometía una ducha caliente. Eso sí, en ningún momento me habló de las arañas peludas y enormes que pululaban por el baño. Eso sí, ¡con un par de zapatazos resolvimos el asunto!

El verde intenso en los valles alrededor de Jiri
El verde intenso en los valles alrededor de Jiri

Dia 1 Jiri – Sete

De Jiri partí por la mañana en dirección a Bhandar. Empezaba la caminata a una altura de 1900 metros y por delante tenía un auténtico carrousel de montañas hasta llegar a los más de 5000 metros que me esperaban en el campo base del Everest. Atrás quedeba el autobús y la única carretera que une a esta zona del Nepal con la civilización moderna.

La zona de Jiri está cubierta por un manto verde de arrozales y campos de cultivo. Durante el primer día crucé varios pueblos, esquivando el tráfico de los innumerables porteadores que abundan por el camino. Incluso vi entre ellos a chavales de apenas 7 u 8 años con la cesta bien cargada colgando de sus frentes.

Casa típica de la zona cerca de Surke
Casa típica de la zona cerca de Surke

Al llegar a Bhandar me encontré con algo que ya me temía. La guerrilla maoista me paró y me pidió 5000 rupias (unos 60 euros) para poder acceder en esta región que en estos momentos esta controlada por los maoistas. Eran un par de chavales -uno de ellos vestía una camiseta con Britney Spears que daba más miedo que confianza- que cordialmente se dirigieron a mi en inglés. Me invitaron a entrar en una tienda y me ofrecieron un té. Les invité a un cigarrillo y les dije que sólo llevaba 2000 rupias encima y pensaba sacar dinero más adelante -conocía del único cajero existente en la zona en Lucka, a más de seis días caminando desde Bhandar.

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No funcionó. Entonces cambié de táctica buscando un paralelismo con la lucha que los maoistas llegaban a cabo en Nepal y les hablé de turistas ricos y turistas pobres, del pésimo estado en que se encuentra mi país y lo justo y necesario que es crear un movimiento popular en contra del poder corrupto del estado. Tampoco funcionó. Saqué el tema del fútbol nombrando a todas las estrellas mediáticas que conocía, se rieron mucho pero tampoco funcionó.

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Para resumir, me dieron dos opciones: la primera pasaba por volver de donde venía y coger el autobús de vuelta a Katmandú. La segunda, arriesgarme a llegar al siguiente pueblo, Kinja, donde probablemente sería arrestado por no llevar el impuesto revolucionario encima o me mandarían de vuelta. Escogí la segunda. Para pagar, pensé, seguro que tendría más oportunidades antes de que me encerraran en un calabozo.

Local fabricando cesta de mimbre para transportar víveres
Local fabricando cesta de mimbre para transportar víveres

Llegué entonces a Kinja donde un grupo de hombres, con fusiles de la guerra civil bajo el brazo, me preguntaron si llevaba el permiso. No, I don’t!. Les dije que ellos eran los primeros maoistas que veía por primera vez por el camino y que no tenía ningún inconveniente en pagar el impuesto revolucionario siempre y cuando me dieran un recibo. En mi anterior conversación comprendí que al pagar te dan un recibo conforme has colaborado con la guerrilla y cada vez que te topas con otro maoista lo enseñas y te dejan pasar. Por lo visto los recibos solo los tenían en el pueblo donde me habían detenido anteriormente y con cara de pocos amigos y cierta desconfianza me dejaron continuar.

Pasé el pueblo de Kinja con la intención de atravesar esta zona maoista lo antes posible. Llegué a Sete. Lo que hubieran sido dos jornadas de camino las había completado en una. Ahí me alojé en una casa sherpa donde estábamos yo y el amo de la casa, un tío fenomenal, boxeador y amante del yoga con quien charlamos de maravilla y nos tomamos un delicioso dalbhat (si amigos, ya volvemos a la dieta del arroz, las lentejas y las verduras).

Con Hira, así se llamaba mi anfitrión, cogí confianza y le comenté la historia que había tenido con los maoistas el día anterior. El tío me hizo el gran favor de la vida dándome el nombre del capo tesorero de la zona. Así en cualquier momento que me pararan por el camino podría decir que tal señor me dijo que pagara a la vuelta y como volvía en avión me pareció una idea genial para dar el asunto casi por resuelto. O al menos me pareció que por fin tenía un plan al que seguir. Los hostaleros de la zona están hartos de los maoistas. Antes cobraban 1000 rupias (unos 12 euros) a los turistas pero desde hace un par de semanas que andan pidiendo 5000 rupias y apenas vienen turistas por esta zona. A fin de cuentas es más económico volar de Katmandú a Luckla y empezar el trekking allí donde ya es zona libre de maoistas.

Mi gran amigo Hira en Sete preparando un delicioso dalbhat
Mi gran amigo Hira en Sete preparando un delicioso dalbhat

Durante la noche me costó dormir dándole vueltas a la situación. Esperaba no tener más problemas y poder cruzar toda la zona maoista en tres días sin ningún problema. Era un riesgo y un largo trayecto para poder pasar desapercibido por las montañas pero sin duda, la situación le da un poco más de aventura a la travesía y a las malas, si las cosas se ponían feas, siempre estaría a tiempo para pagar el dichoso impuesto revolucionario.

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Día 2 Sete – Nunthala

Me despedí por la mañana del hostalero con una buena propina y emprendí el camino ascendente al paso de Lamjura La. Andando entre la niebla me desvié del camino y subí sin quererlo al pico Langate. ¡Ya tenía suficiente con el paso a 3500 metros que encima subí hasta los 4100! Por desgracia la niebla me rodeaba y no pude disfrutar de las supuestas vistas espectaculares.

Llegando a Nunthala
Llegando a Nunthala

Volví a descender al paso y emprendí el camino descendente hasta Jumbesi, un bello pueblo mecido en el valle con un importante monasterio. Es uno de los pueblos clave de la guerrilla maoista pero nadie me pidió el permiso. Supuse que ya daban por sentado que todo el mundo al llegar a esta zona profunda del valle ya ha pasado por el aro y ni se molestan en pedirlo.

Volví a hacer un 2 x 1 (es decir, dos jornadas en un solo día) y llegué a Nunthala tras subir otro collado y descenderlo. En el hostal me sorprendió encontrar un grupo de excursionistas. Llevaban 5 días en hacer lo que yo había andando en 2. ¡Imaginé que ese era el paso normal y no la locura de 8 o 9 horas días de media que estaba realizando!

Sherpa en el camino
Sherpa en el camino

Día 3 Nunthala – Surke

Entre la niebla partí de Nunthala para subir y bajar collados de montaña continuamente. Una espesa niebla empapaba los bosques y apenas dejaba vislumbrar a escasos metros de distancia. Pasé por Kharikhola, al parecer el último pueblo maoista de la zona, y libre de follones, permisos, escopetas de la guerra civil y demás tinglados, seguí vía norte en dirección Luckla.

Ropa tendida llegando a Luckla
Ropa tendida llegando a Luckla

No obstante, preferí terminar la jornada antes de llegar al transitado lugar en un bonito pueblo atravesado por un río en medio del espeso bosque. Surke me pareció un lugar ideal para descansar un poco los pies, el estrés de sentirme perseguido por los maoistas y al día siguiente continuar, ya siempre en dirección norte, hacia el campo base del Everest.

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En esos momentos ya hacía comparaciones y pensaba que este trekking es bastante más duro que el del Annapurna. Es un continuo subir y bajar collados de montaña cosa que frustra bastante y los desniveles acumulados durante el día son elevadamente superiores que en el otro trekking.

Pastores de yaks en el camino
Pastores de yaks en el camino

Los precios, por otro lado, hasta ahora parecían ser más baratos. No obstante, desde Nunthala parecían subir de precio. Algo parecido al área del Annapurna y que sigue una lógica de cajón: cuantos más días de travesía hay que realizar para transportar mercancía más alto es el precio. La verdad es que si no fuera por esa misma razón yo mismo ya les daría la propina!

Un sherpa transportando puertas camino a Namche Baazar
Un sherpa transportando puertas camino a Namche Baazar

Día 4 Surke -Namche

De Surke salí por la mañana con un día espléndido en el que por fin pude disfrutar de las vistas. Una vez abandonada la zona controlada por la guerrilla maoista fue más relajado pararse por los pueblecitos que van bordeando el camino y el sol me acompañaba.

Escuela en el camino, Surke
Escuela en el camino, Surke

Esta zona parece mucho mas poblada que el Annapurna. Posiblemente por la conexión de vuelo y por la incomparable oferta turística que ofrece la montaña más alta del mundo. Sin embargo, la manada de turistas que esperaba fue casi inexistente, alguno que hacía el camino a la inversa y un grupo de valencianos cuyo pobre porteador llevaba en su espalda chorizos, jamón, lomo embuchado y por si fuera poco, una botella de Rioja! Quedamos en vernos más tarde en Namche Baazar, donde no podía esperar para probar esas delicias de la tierra!

Namche, la localidad más poblada de la zona, parece un tenderete turístico medio abandonado. Hay más tiendas que guiris, más restaurantes, tiendas de cambio de moneda, panaderías e incluso internet cafés que turistas. Apenas vi un par de docenas y ya es de extrañar teniendo en cuenta que ya casi era temporada alta en el Himalaya. Supongo que la situación con los maoistas asusta a más de uno, el precio de los vuelos y optan por otros trekkings. A mi ya me iba bien pero me entristecía ver a esa pobre gente cuyo 75% de la población se dedica al turismo.

Vistas desde lo alto de Namche Baazar
Vistas desde lo alto de Namche Baazar

Es curioso encontrarse en cada pueblo con alojamientos que llevan el mismo nombre. Imaginación poca: Yeti, Himalaya, Everest, See you, Sherpa, Nice View, etc. El negocio no lo tienen en las camas sino en la condición de que cenes en el mismo hostal. Los precios de las habitaciones son irrisorios: de 8 céntimos a 90 más o menos mientras que las comidas son un poco más caras pero con un presupuesto de alrededor 4 euros tienes cama y cena donde sea.

Día 5 Namche – Dingboche

No pude encontrar a los valencianos en Namche y me quedé con las ganas de probar un buen chorizo bañadito con un Rioja de los buenos. De todas maneras en el hostal coincidí con un irlandés de Leitrim con el que hicimos buenas migas. Recordamos un poco Irlanda con nostalgia con un buen dalbhat y un par de tés, que aunque no estuvieran a la altura de un buen embutido y un buen tinto, entraron de maravilla.

Un helicóptero aterrizando en las inmediaciones de Namche Baazar
Un helicóptero aterrizando en las inmediaciones de Namche Baazar

Por la mañana, escogí la ruta alternativa a Khumjung donde hay un monasterio a casi 4000 metros en el que guardan el cráneo de un Yeti! A pesar que los científicos hayan subestimado su autenticidad, es bonito soñar un rato con las historias que nos hablan de los hombres de las nieves y demás figuras legendarias del Himalaya.

El imponente perfil del Ama Dablan, una de las montañas más deseadas del Himalaya
El imponente perfil del Ama Dablan, una de las montañas más deseadas del Himalaya

El día se levantó fantástico, casi sin nubes y por fin empecé a ver picos de los de verdad. El Ama Dablan de 6856 se erguía pletórico con su estilizada figura y en el mismo pueblo remoto de Khumjung me tomé un té alucinando con su presencia.

Una casa en Khumjung
Una casa en Khumjung

La subida a Khumjung no fue excesivamente dura y seguí camino en dirección a Tengboche donde volvía a recuperar el camino principal al campo base del Everest. Aproveché para visitar el importante monasterio de Tengboche. Un impresionante edificio de estilo tibetano a 4000 metros bajo la sombra del Everest y demás gigantes.

El monasterio de Tengboche
El monasterio de Tengboche

Más tarde, tomando un té en un pueblecito, el dueño me enseñó un álbum de fotos que guarda de su abuelo porteando a un tal Edmund Hillary en el año 1953. No podía dar crédito. Se trataba del nieto de Tenzing Norgay, el sherpa que conduzco la primera ascensión al Everest. El chico me lo explicaba maravillado y me enseñó también otras fotografías donde él también subía a la cima como porteador. Sin lugar a dudas, ¡estos sherpas son otra raza! Eso sí, si me hubiera contado esta historia en la ciudad probablemente hubiera desconfiado pero al encontrarme entre esos picos gigantescos mi desconfianza iba a la baja y quería creer.

Llegué al alejado pueblo de Dingboche después de unas horas de llano camino desde el monasterio. Ya a 4410 metros el frío se notaba considerablemente cuando el sol desaparecía. Eso sí, en noches estrelladas uno se olvidaba del frío contemplando el maravilloso firmamento repleto de estrellas.

Inscripciones tibetanas camino a Namche Baazar
Inscripciones tibetanas camino a Namche Baazar

Día 6 Dingboche – Amphulapche

Durante la sexta jornada de trekking me tomé un día de aclimatación para evitar el posible mal de altura. Dingboche, el lugar donde dormí, se encuentr ya a 4400 metros y para que el organismo se adecue correctamente a las alturas es ideal subir unos centenares de metros para volver a dormir a menor altura.

Puerta tibetana camino a Dingboche
Puerta tibetana camino a Dingboche

Así que me levanté a las 8 -¡hacía días que no lo hacía tan tarde!- cogí el petate con el agua y el forro, me puse las chanclas -los dedos gordos ya me empezaban a doler de tanta bota- y emprendí el camino hacia el este en dirección a un pueblo llamado Chu Khung a 4730 metros.

Las paredes del Ampulache

El día empezó nublado pero fue mejorando y del pueblo he seguí el alucinante valle que lleva hasta el campo base del Island Peak. De camino ahí me encontré con una manada de yaks peleándose por una hembra. Fue todo un espectáculo. Esas fieras peludas medio vacas medio búfalos se daban cornadas a lo bestia para ver quien se llevaba el premio. Alguno se despeñaba por la ladera pero pronto volvían a la lucha o se montaba a la hembra mientras los demás andaban peleándose.

Trabajando la tierra en duras condiciones a más de 4.000 metros de altura
Trabajando la tierra en duras condiciones a más de 4.000 metros de altura

Seguí el camino donde el Amphulapche y el Island Peak cerraban el valle con sus espectaculares paredes blancas. Parecía como si se tratara de un gigantesco órgano de iglesia con sus chimeneas blancas perfectamente ordenadas. Llegué hasta los dos lagos a 5000 metros que merodean las paredes imponentes del Amphulapche y ahí he descansado un rato. Solo se oía el ruido de las piedras al caer, algun cuervo graznar y a lo lejos un pastor de yaks pegando gritos a esas bestias peludas.

El Lhotse al amanecer protegiendo el pueblo de Dingboche
El Lhotse al amanecer protegiendo el pueblo de Dingboche

De nuevo en Dingboche, me he tomado un buen dalbhat (de los mejores que he probado hasta ahora) y de noche el cielo estaba despejado y fue asombroso ver el millar de estrellar que se podían vislumbrar a 4500 metros de altura. Las nebulosas casi nítidas, unas cuantas estrellas fugaces y al fondo, las estrellas iluminaban el hielo en las paredes mas altas del Lhotse a más de 8400 metros.

La sorprendente silueta del Cholatse
La sorprendente silueta del Cholatse

Día 7 Dingoche – Gorak Sheep

Salí de Dingboche en una mañana esplendida. El valle, rodeado de picos espectaculares, mostraba sus mejores colores y el Lhotse al norte, el Ama Dablan justo enfrente, el Taboche y el Cholatse al oeste y el Island Peak al este lo rodeaban con un cielo azul que prometía un día de vistas magníficas. Me sentía justo en medio de uno de los lugares más mágicos del planeta y probablemente estaba en lo cierto.

Templo tibetano en Dingboche
Templo tibetano en Dingboche
El Lhotse, la cuarta montaña más alta del mundo, al amanecer desde Dingboche
El Lhotse, la cuarta montaña más alta del mundo, al amanecer desde Dingboche

Emprendí la ruta hacia Gorak Sheep, el último lugar donde se puede comer y dormir en esta parte del mundo. El camino, el último de los caminos sobre la capa de la tierra, ascendía en un falso llano a través de un glaciar seco entre colosos. A medida que me iba acercando, el Lhotse de 8414, el Pumo Ri de 7165, el Lingtren de 6749 y finalmente la puntita del Everest más alejado al este a 8848, iban creciendo a mis ojos con sus glaciares enormes. Sin duda, una de la caminatas más bellas que jamás he realizado y la emoción de llegar parecía darle a mis piernas una alegría inusual y apenas notaba la altura.

El glaciar y Periche
El glaciar y Periche
Gorak Sheep, el último refugio en el camino en dirección a la montaña más alta del mundo
Gorak Sheep, el último refugio en el camino en dirección a la montaña más alta del mundo

El hostal donde domí esa noche se encontraba ya a 5160 metros y a esa altura ya solamente queda el 50% de oxígeno en el aire, y eso se nota. Al respirar, al hacer esfuerzos, produce un poco de insomnio, se duerme mal y en intervalos y produce un ligero dolor de cabeza cuando se asciende.

El Nuptse y la increíble vegetación que crece a 5000 metros de altura
El Nuptse y la increíble vegetación que crece a 5000 metros de altura
El campo base del Everest
El campo base del Everest

En el hostal solamente había 3 alemanes y un indio con los que estuve cenando y charlando junto a la chimenea. Se nos antojó imposible salir fuera. ¡Hacia un frío que pela! Así que alrededor de esas chimeneas que arden con combustible de materia prima (o sea, heces de yak) nos calentamos un poco y con una buena charla tratamos de alargar el fatídico momento de salir al exterior y meterse en el saco de un santiamén. Esas fueron las únicas noches que eché de menos un saco de dormir en condiciones y no el saco de +5 grados que llevaba encima.

Los imponentes yaks del Himalaya
Los imponentes yaks del Himalaya

Día 8 Kala Patthar – Dzonglha

Por la mañana subí al pico de Kala Patthar. El sol no había hecho acto de presencia todavía y me costó un buen rato poner en marcha el cuerpo del frío que hacía. Además partí con las chanclas para evitar las botas y el dolor de dedos en los pies durante un rato. Poco a poco los rayos del sol iban descendiendo la ladera de la montanas y, a su vez, yo me acercaba soñando con su calurosa presencia y cuando chocamos se convirtió en una auténtica bendición recibir su halo en mis pies para calentarlos.

Vistas al sur desde el pico de Kala Patthar
Vistas al sur desde el pico de Kala Patthar

Una vez en la cima del Kala Patthar a 5550 metros, con el sol calentándome el cuerpo, por fin pude disfrutar de las vistas que tantos días soñaba en contemplar. No hay palabras. Es difícil soportar tanta belleza en ese larguísimo valle donde se aúnan las montañas más altas del mundo. Desde el Makalu al fondo hasta el Pumo Ri justo a mi lado. La cumbre del Everest se alzaba a poco más de 3000 metros de altitud de mi cabeza y me he quedé ahí más de dos horas embobado con el espectáculo.

Con las vistas del Kala Patthar a mis espaldas
Con las vistas del Kala Patthar a mis espaldas y mi amado palo de bambú que me acompañó durante los trekkings en el Himalaya

Solamente llegó una pareja de ingleses con los que aprovechamos para hacernos las fotografías de rigor. Nadie más. Una naturaleza infinita y ni rastro de las hordas de escaladores que avasallan los valles del Himalaya. Realmente fue toda una fortuna realizar el trekking al campo base del Everest justo antes de que empezara la temporada alta. Sí es cierto que en septiembre las nubes pueden empañar las vistas pero las cambiaría nuevamente por la sensación de sentirme a solas con esas gigantescas paredes que han visto la evolución de la Tierra desde siglos y siglos.

ama-dablan
Vistas desde Kala Patthar con la silueta del Ama Dablan destacando al fondo
El Lhotse desde el Kala Paathar
El Lhotse desde el Kala Paathar

Un poquito más abajo, en el campo base del Everest a 5300 metros de altura, no había ninguna expedición de escaladores ya que ese mismo año pedían la friolera de 50 mil dólares de permiso. Solamente se podía vislumbrar el enorme glaciar donde empieza la escalada real y un helicóptero ruso en ruinas que se había estimado años atrás.

Montañas frente a Dzonglha
Montañas frente a Dzonglha

Ya de vuelta escogí la variante del collado de Cho La a 5300 metros y paré antes en un hostal a medio camino junto a un bello lago en Dzonglha. Ahí me encontré con una tropa de montañeros españoles. Procedentes de Navarra, Madrid, Valencia, Baleares y Euskadi, formaban un grupo variopinto y divertido con los que me zampé unos espaguetis con tomate (sin ajo, sin cebolla, sin carne ni tomate verdadero pero que entraron de maravilla!) Luego una partidita de cartas y me fui a la cama en uno de los hostales más cochambrosos y caros de los que he visto por aquí.

El Pumo Ri y el Khumbutse frente al Kala Paathar
El Pumo Ri y el Khumbutse frente al Kala Paathar

Día 9 Dzonglha – Gokyo

Por la mañana nos despedimos, yo me dirigí al collado de Cho La a 5330 y ellos en la dirección opuesta.

Yaks frente al lago de Gokyo
Yaks frente al lago de Gokyo

La etapa entre Dzonglha a Gokyo es bellísima y todos los factores te ponen a prueba: Hielo, nieve, bloques de piedra para hacer el mono o la cabra según el caso, bajadas con una inclinación que dan un poco de vértigo y un tramo final desde Dragnag hasta Gokyo con un alucinante glaciar seco que parece Mordor o el fin del mundo.

Glaciar a cubrir para poder llegar al pueblo de Gokyo
Glaciar a cubrir para poder llegar al pueblo de Gokyo

Entre la niebla, las piedras se iban deslizando por las laderas y el único ruido que se oía en ese desolado paraje era el estrépito del hielo al romperse o las piedras al caer al lago. Una hora de concentración para escoger las rocas que resistirán tu peso y como premio al esfuerzo; Gokyo. Un pueblo junto a un hermoso lago a 4790 metros.

Picos alrededor de Gokyo
Picos alrededor de Gokyo

A medio camino, en Dragnag, volví a encontrarme con los tres valencianos con quién coincidí hace unos días. El prometido jamón ha tenido que esperar pero por fin lo hemos probado. Hacía más de cuatro meses que no veía esa delicia ibérica y ha sido un gustazo atravesar el glaciar con el regusto a jamón en el paladar todavía!

¡Se lo montaban muy bien estos tres! Durante sus paradas en las casas sherpas, de vez en cuando hacían alguna incursión en las cocinas con el chorizo bajo el brazo y le daban un poquito más de vida a las tortillas, hacían cocina fusión con el asombro de los cocineros de la casa y le daban un poco más de sabor a la comida y alegría en la relación entre turista y locales.

Más tarde me arrepentí de no haber cambiado mis planes y haberme quedado esa noche acompañado por esos divertidos compañeros de montaña. Llevaba el ritmo en el cuerpo y parecía difícil que me pudieran parar.

Haciendo buenos amigos en el camino
Haciendo buenos amigos en el camino

Una vez en Gokyo, me instalé en un sencillo y hogareño hostal con privilegiadas vistas al lago. Apenas encontré un par de parejas con sus guías respectivos y un agradable y cálido salón donde relajarse.

Vistas al sur desde el pico de Gokyo
Vistas al sur desde el pico de Gokyo

Día 10 Gokyo – Pico de Gokyo – Namche

El lago de Gokyo
El lago de Gokyo

Bien pronto por la mañana salí para atacar el pico Gokyo a 5360 metros que podía ver desde mi ventana. En una hora de duro ascenso serpenteante llegué a la cima y de nuevo un extenso y espectacular panorama se abría ante mis ojos. Quizás los picos no estaban tan cercanos como en Kala Patthar pero las vistas eran mucho más extensas. Con el Cho Oyu a más de 8000 metros y el grandioso glaciar que formaban juntos el Cholo y el Kangchung muy cerquita. Las vistas al sur con el lago, el pueblo de Gokyo y el largo glaciar que había cruzado el día anterior eran también hermosas.

Las montañas del Cholo y Kangchung desde el pico de Gokyo
Las montañas del Cholo y Kangchung desde el pico de Gokyo

Bajé de nuevo al pueblo, desayuné y emprendí la bajada a Namche Baazar despidiéndome poco a poco de las montañas más altas y bellas del mundo. Atravesando el valle tenía siempre ante mis ojos la presencia blanca del Thamserku y el Kantega, cerrando el valle, como si no quisieran que partiera. Y en realidad tenía mis dudas y me sorprendía a mi mismo siguiendo el paso cuando más tarde me hubiera gustado parar y disfrutar un par de días más de la maravilla que me rodeaba.

Un sherpa transportando puertas a Gokyo
Un sherpa transportando puertas a Gokyo

Una vez llegué a Namche tras 9 horas de pateo volví al sencillo hostal donde me instalé al llegar ahí por primera vez.

Se notaba que ya entramos en octubre, temporada alta, pues la manada de turistas empezaba a ser visible. Parecía otro pueblo por el número de turistas que corrían por ahí comparado con la primera vez que llegué hacía apenas cinco días.

Banderas tibetanas en el pico de Gokyo
Banderas tibetanas en el pico de Gokyo

Día 11 Namche – Luckla

La lluvia vino para despedirse en ese ultimo día de travesía. De Namche bajé hasta Luckla despidiéndome de estas montañas y he confirmado el billete de vuelo abierto para mañana.

¡Madre mía! ¿¿¿este es el camino???
¡Madre mía! ¿¿¿este es el camino???

Verdaderamente me alegro de haber podido realizar estas travesías por el Himalaya en setiembre. El tiempo no ha sido tan malo como anunciaban y en el último día de travesía, ya entrados en octubre, el tráfico de turistas, porteadores y yaks cargadísimos era sorprendente. Algunas bajadas por escalones parecían las ramblas de Barcelona o la típica ascensión al Puigmal en verano.

Me hospedé en un hostal cerca del aeropuerto -bueno, de hecho todo en Luckla parece estar cerca del aeropuerto de lo pequeño que es- y me tomé una ducha, algo fría, pero que después de unos cuantos días sin ver el agua me sentó de maravilla!

Cocina típica en el Himalaya nepalí
Cocina típica en el Himalaya nepalí

Hoy termina unos de los trekkings más apasionantes que he hecho en mi vida. Cuesta comparar Annapurna y Everest. Mientras el primero pasa entre gargantas cerradas, con una biodiversidad increíble y pueblos mucho más auténticos y tradicionales (en especial los tibetanos), el trekking del Everest te deja pasmado al estar tan cerca de estas cumbres gigantescas. Con ambos juntos he podido contemplar siete de los diez picos más altos del mundo: Annapurna, Dhaulagiri, Manaslu, Makalu, Everest, Lhotse y Cho Oyu. Más otros preciosos, una infinidad de glaciares y vistas espectaculares.

avioneta
Con solo 18 asientos esto se movía que no veas, encima rozaba las montañas que se veian hasta las piñas de los pinos!

Mañana volaré de vuelta a Katmandú, dejaré las botas aparcadas por un rato pero me las pondré de solomillos y lo que venga en gana y en un par de días nos internaremos en la India!

Jornadas y tiempos para el trekking al campo base del Everest

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1. Jiri 1955 – Sete 2580 (10 h)
2. Sete – Langate 4100 – Nunthala 2330 (9:30)
3. Nunthala – Surke 2290 (8:30 h)
4. Surke – Namche 3440 (7:00 h)
5. Namche – Khumjung – Dingboche 4410 (8:00 h)
6. Dingboche – Amphulapche 5000 – Dingboche
7. Dingboche – Gorak Sheep 5160 (4:30 h)
8. Gorak Sheep – Kala Patthar 5550 – Dzonglha 4830 (7:00 h)
9. Dzonglha – Cho La 5330 – Gokyo 4790 (7:00 h)
10. Gokyo – Pico Gokyo 5360 – Namche 3440 (9:00 h)
11. Namche – Luckla 2840 (5:00 h)

Los tiempos incluyen paraditas maoistas, meaditas, tes, charlas, etc.

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