Guía de Praga: visita al castillo de Praga

catedralpraga Una de las visitas más interesantes de la capital checa es la de su castillo-fortaleza que domina la ciudad desde las alturas. Fundado en el siglo IX, fue la residencia de los reyes de Bohemia, emperadores del Sacro Imperio Romano, presidentes de Checoslovaquia y presidentes de la República Checa. En él se encuentran las Joyas de la corona de Bohemia y con sus 570 metros de largo y 130 de anchura media, es considerado la mayor fortaleza medieval del mundo.

Desde nuestro hotel en la calle Melnicka sólo nos llevó unos 30 minutos a pie para llegar a él. Mi consejo es que cojáis cualquier tram o metro que os deje cerca del centro y caminéis las empinadas y estrellas calles medievales que confluyen en la fortaleza. Nosotros lo hicimos en una mañana fría y lluviosa y, aun así, lo disfrutamos y paramos en un par de iglesias que merecen la pena visitar: la de San Nicolás y la del Niño Jesús de Praga. En ésta última se encuentra la famosa estatuilla del Niño Jesús que fue traída precisamente de España y es uno de los símbolos religiosos de la capital. Es una iglesia pequeña y acogedora, con unas escaleras de caracol de cuyo hueco y paredes cuelgan algunos objetos religiosos antiguos a modo de museo. Después accedes a la sala donde se encuentran los diferentes atuendos que le ponen a la estatua del Niño y el tesoro de la Iglesia. La verdad es que es un poco como el tema de los vestidos del Kent de la Barbie, uno para cada día, pero hay gustos para todo.

Desde San Nicolás – a cuya plaza puedes llegar andando o con el tram 22- se comienza el ascenso hacia el castillo. Para ello puedes tomar la comercial y turística calle Nerudova o perderte por cualquiera de las callejuelas que veas que se dirigen hacia la misma dirección. Te recomiendo lo segundo, salvo que quieras parar en alguno de los restaurantes de Nerudova o comprar souvenirs en la multitud de comercios que inundan la calle.

El castillo en sí es todo un complejo con partes diferenciadas. Lo primero que encuentras nada más entrar es la catedral de Praga, joya del gótico del siglo XV. Justo a su derecha queda la entrada a las estancias del Palacio Real y detrás de ella la basílica de San Jorge, construida algo más tarde que la catedral.

Sin embargo, donde más tiempo pasé fue en el llamado -en inglés- Golden Lane (callejuela dorada). Es una pequeña calle formada por pequeñas casas de la época medieval. Sus interiores están remodelados y hospedan comercios y una magnífica muestra de armas y armaduras medievales. Muchas de ellas están en venta -dirigidas a coleccionistas, a juzgar por los precios- e incluso puedes probar tu puntería con una auténtica ballesta por 2 Euros. Tatiana y yo probamos suerte y ¡si Guillermo Tell levantara la cabeza!.
castillo pragaHay dos versiones sobre el nombre que adoptó esta calle. La primera es mucho más mística ya que se dice que fue en esa calle donde el rey confinaba a sus alquimistas con el propósito de que hallaran y le desvelaran la fórmula mágica que permite transformar el metal en oro. La otra dice que lo de dorado viene de los orines vertidos por los soldados que usaban esa calle como urinario público. Quizás Pablo Carbonell y sus Toreros Muertos pillaron de aquí la idea para Mi aguita amarilla. Yo me quedo con la primera, que me parece mucho más misteriosa y mágica.
Pasando la callejuela dorada se llega a la Torre de Daliborka. Prisión del siglo XV, tomó el nombre del primer prisionero confinado en ella. En ella puedes leer las historias de algunos de sus prisioneros más insignes y ver algunos aparatos de tortura de la época.

Los tickets cuestan entre 10 Euros (incluye entrada al Palacio, la callejuela dorada, la basílica y la Torre) y unos 20 si le añades la catedral, guías y demás complementos. Sin duda una visita que merece la pena y con la que puedes entretenerte casi medio día entero. ¡Vigilad los horarios de cierre!. En Marzo, a las cuatro y media más o menos cerraron el palacio y nos quedamos sin verlo al pasar tanto tiempo en la armería.

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