En este año en el que por fin veo como los durísimos efectos de la pandemia comienzan a alejarse por el retrovisor, he tenido la inmensa fortuna de trabajar, tras casi dos años de parón, en algo que me gusta muchísimo: ser guía de viaje. Atrás quedó mi experiencia de 5 años guiando en mi querida Myanmar – que hoy es presa, de nuevo, de los dictadores militares -, para pasar a conocer a fondo un nuevo destino en el que la Madre Naturaleza posee una presencia omnipotente: Islandia. Tras pasar un par de meses en esta isla-país, he probado experiencias y actividades que han sido totalmente nuevas para mí. Quizás una de las que más me gustó fue poder caminar por el hielo del glaciar Mýrdalsjökull.
Fue la primera vez en mi vida que caminaba por el hielo de un glaciar – al menos bien equipado, porque cuando era un completo inconsciente me metí con dos buenos amigos, sin ningún tipo de equipamiento para el hielo, en el glaciar Fox, en Nueva Zelanda -, y tras hacerlo 4 veces en algo menos de dos meses, puedo decir que le cogí el gusto a la cosa.
Pero antes de nada, ¿sabéis cómo es el glaciar islandés del Mýrdalsjökull?
El glaciar Mýrdalsjökull en Islandia
Como tantos otros nombres de accidentes geográficos islandeses, el glaciar Mýrdalsjökull tiene una traducción muy literal, significando en castellano «la capa de hielo en el valle pantanoso«. No es tan pantanoso el montañoso valle que aloja al glaciar. No al menos cuando lo visité yo, pero quizás sí cuando se producen las frecuentes inundaciones provocadas por la erupción subglaciar de uno de los más violentos y peligrosos volcanes de Islandia: el Katla.
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El Katla – que ha dado nombre a una reciente serie islandesa de Netflix – ha entrado en erupción en casi una veintena de ocasiones desde la colonización de la isla, allá por el año 930. Estalla cada 40-80 años y la última vez que lo hico fue en 1918. Es decir, lleva 103 años sin dar problemas y se podría decir que ha salido de cuentas. Es por ello que se trata de uno de los volcanes más y mejor monitorizados del mundo. Y es que cuando el Katla entra en erupción, la lava suele quedarse por debajo del glaciar, fundiendo hielo a una gran velocidad y creando importantes inundaciones.
Caminar por el hielo de Sólheimajökull – una de las lenguas del glaciar Mýrdalsjökull – no deja de ser algo inquietante una vez te cuentan toda la historia del Katla y sabes que llevan esperando su violenta erupción desde hace más de 20 años (de hecho, desde el año 2000 se lleva registrando un importante aumento de la actividad sísmica en la zona, preludio de algo más gordo).
Dicho esto, hay que resaltar que el Mýrdalsjökull posee una superficie de 595 kilómetros cuadrados (aunque es una medición de hace varias décadas y es muy probable que haya menguado desde entonces) y es el cuarto glaciar más grande de Islandia. Se halla en el sur, cerca de las aguas del Atlántico, y justo al este de otra lengua de hielo de menor tamaño, el Eyjafjallajökull. La cumbre del glaciar se eleva 1.493 sobre el nivel del mar, concediendo unas vistas espectaculares del valle, las montañas, el hielo y el lago glaciar.
Y ahora que ya te he contado algo más sobre el Mýrdalsjökull, vamos con la experiencia de caminar sobre su hielo.
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Cómo llegar al glaciar Mýrdalsjökull
Lo más normal es que incluyas tu visita al Mýrdalsjökull en una ruta en coche por Islandia. Si viajas con tu vehículo desde Reikiavik, tendrás unas 2 horas y 20 minutos hasta el aparcamiento en el que se deja el coche para subir al glaciar. Desde la población de Vik, sin embargo, apenas llega a media hora de trayecto.
Sin embargo, para este tipo de actividades, lo mejor es contratarlo a través de una excursión organizada. Aquí te dejamos dos estupendas opciones:
- Trekking por el glaciar Sólheimajökull
- Paseo en moto de nieve por el glaciar Mýrdalsjökull desde Vik
Experiencia caminando por el hielo del glaciar Mýrdalsjökull
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Llegamos sobre las 2 de la tarde al aparcamiento donde se dejan los vehículos para acceder a la lengua de hielo Sólheimajökull, que forma parte del glaciar Mýrdalsjökull.
Tras encontrarnos con nuestro guía Javi – un tipo con el que no paras de reírte y que controla muchísimo sobre glaciares e Islandia -, este nos dio una pequeña charla de seguridad y fue repartiendo el equipo entre el personal. Ese equipo consistía de crampones, casco y un arnés que solo sería necesario en caso de que alguien se cayese a una grieta profunda y hubiera que sacarlo con una cuerda.
Hay otras compañías que también te dan piolet, pero te puedo asegurar que es tan solo por auténtico postureo, pues no es necesario para realizar la actividad de caminar sobre el hielo del Mýrdalsjökull.
Un glaciar que retrocede a marchas forzadas
Una vez estuvimos todos equipados, comenzamos a marchar hacia la lengua de hielo. Durante el camino, Javi nos explicaba que en los años 80 del pasado siglo el aparcamiento donde habíamos dejado el coche era todo hielo. Ahora teníamos que caminar unos 20 minutos desde ese punto para poder acceder a las primeras paredes del glaciar. Una muestra clara del proceso de retroceso que está sufriendo el Mýrdalsjökull.
Si no os queréis complicar la vida, aquí podéis reservar directamente vuestra excursión para caminar sobre el hielo de Sólheimajökull:
La laguna glaciar y los primeros pasos en el hielo
Antes de ponernos los crampones y el casco, llegamos a un mirador desde el que pudimos contemplar una bella panorámica que abarcaba el glaciar, la laguna contigua y las montañas en cuyas laderas se podía apreciar las marcas dejadas, quizás hacía décadas o siglos, por el desplazamiento del hielo sobre ellas. Es el lugar perfecto para tomar una foto.
Desde el mirador, la senda pedregosa continuaba hasta descender a la orilla de la laguna glaciar. Allí nos pusimos los crampones y recorrimos los últimos metros antes de entrar al hielo.
Si venís a la lengua Sólheimajökull buscando ese hielo azul que resplandece, vais a llevaros un buen chasco. He escuchado a gente decir que eso era hielo sucio, pero nada más lejos de la realidad. Esa capa de materia marrón y grisácea que cubre el hielo de la parte baja de la lengua glaciar, no es más que un cúmulo de sedimentos procedentes de las laderas de las montañas del valle en el que se asienta el hielo.
La primera parte de la caminata discurre por lugares en los que el hielo está cubierto por esa capa sedimentaria y a mí, personalmente, me pareció de lo más atractiva y natural.
Alcanzando cotas más altas y grietas
Tras algo más de 20 minutos caminando con los crampones, salimos de la zona baja y comenzamos a ganar altura. Aquí, el hielo ya toma un color más blanco o azulado, y la gente comenzó a respirar aliviada, ya que aquello se correspondía más con la imagen mental que se habían formado.
Caminar sobre el hielo es sencillo. Solo tienes que intentar no hacer movimientos bruscos, ni pisarte un pie con el otro, además de asegurar la pisada (sin necesidad de clavarla con todas tus fuerzas) cuando estás subiendo o bajando alguna cuesta. Por lo demás, es casi andar con total normalidad, manteniendo tu centro de gravedad un poco más bajo en los pasos más complicados o con menos agarre.
A lo que sí hay que estar atento – y es, quizás, la labor más importante de un buen guía de glaciares – es a las grietas. Algunas son realmente evidentes y las verías incluso yendo solo, pero otras se pueden ocultar bajo alguna capa de nieve o una fina sábana de hielo que se puede quebrar bajo tus pies.
Afortunadamente, Javi era un auténtico crack y alternaba sus explicaciones – a la vez interesantes y ocurrentes – con advertencias sobre este o aquel paso, conduciéndonos siempre por la senda más segura.
Fuimos realizando varias paradas a distintas alturas, admirando diversas vistas que nos hacían sentir realmente pequeños, rodeados de una naturaleza tan potente. También nos asomamos – tomando todas las precauciones necesarias – a alguna grieta e incluso pasamos por un pequeño túnel de hielo que habían formado las recientes lluvias torrenciales. Y es que el hielo nunca es igual y cada vez que subí al Mýrdalsjökull me encontré un espectáculo diferente.
Siempre necesitamos el cambio, incluso en la naturaleza.
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La actividad completa nos llevó unas 3 horas y es una experiencia que os recomiendo encarecidamente.