La comunicación no verbal en los viajes (1ª parte)

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Magia_caminoAutor del artículo:

Aldana es geógrafa, periodista y editora, pero le gusta definirse como viajera, escritora y fotógrafa aficionada. Después de muchos viajes “cortos” decidió dejar todo y salió con Dino a descubrir el mundo a través de su gente. Ese viaje duró un año y medio e incluyó un proyecto educativo y mágico “a dedo” por Sudamérica. Ahora están preparando la segunda etapa de Magia en el Camino.
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Cada vez que conversamos con alguien sobre nuestros viajes por Asia surgen muchas preguntas entre quienes nos escuchan, pero una de las que se repite casi constantemente es: ¿Cómo hacían para comunicarse? ¿Cómo se las arreglaban con los idiomas?

Nosotros, muy frescos, les respondemos: “Nada”. Es que en realidad, no hacíamos nada en especial, sólo teníamos en cuenta algunas cosas.

Si del otro lado hay un ser humano, la experiencia y el sentido común siempre nos dicen que la comunicación es posible. Sabemos que además del lenguaje escrito u oral, también existe el lenguaje de las señas. Si a eso le sumamos un poco de imaginación, paciencia y sentido del humor… ¡la comunicación es posible! Y no sólo las señas con las manos, sino también los gestos. Tenemos muchísimos músculos en nuestra cara que nos permiten transmitir miles de sensaciones. ¡Aprovechémoslos!

Usando los músculos, los gestos y las señas será casi imposible hablar de filosofía, política o problemáticas sociales, por mencionar solo algunos temas, pero sí vamos a poder sacar un ticket de bus o tren, conseguir un lugar donde dormir, un descuento o un plato de comida. Este post pretende compartir con todos los lectores de Viajablog algunas anécdotas y consejos sobre cómo nos podemos comunicar sin diccionario. ¡Qué las disfruten y las pongan en práctica!

Para conseguir mejor precio para dormir

Tagong, un pueblito tibetano del centro-oeste de China. Llegamos a la tardecita junto a dos finlandeses, una chica y un chico, y un suizo. Nos bajamos del minibus, caminamos hacia el “centro” del lugar y vimos que había sólo dos hotelitos para dormir. Uno de ellos nos llamó la atención. La decoración tibetana de sus paredes y muebles le impregnaba una atmósfera “especial”, así que decidimos quedarnos allí. El siguiente paso era conseguir un buen precio. Éramos cinco personas que nos íbamos a quedar por lo menos 4 noches en un lugar donde había pocos extranjeros. Teníamos que conseguir un mejor precio. ¿Cómo lograrlo si nosotros no hablábamos una palabra de tibetano y la señora que nos recibió no sabía nada de español, inglés, finlandés ni suizo? Señoras y señores: lápiz y papel.

En un papel blanco dibujamos 5 personitas (de esas esquemáticas que aparecen en los carteles de “baños”) que nos representaban, y 4 lunas, que simbolizaban las 4 noches que queríamos dormir allí. Escribimos un signo de igual (=) y pusimos el precio que ella nos sugería. Por suerte los números son iguales en todas partes, sino sí que ya sería una complicación. Acto seguido, tachamos ese precio y escribimos el precio final que sugeríamos nosotros. Todo esto acompañado por gestos y movimientos explicativos. La señora miró el papel, nos miró a nosotros y dijo: OK.

¡Para comer!

El gesto universal para comer lo conocen en todo el mundo, así que no es muy difícil ponerlo en práctica para dar a entender que queremos comer algo. Pero más allá de eso, también existe el dedo índice: el que señala. Y una buena manera de explicarle al otro lo que queremos comer es señalando la comida. Claro que esto es fácil siempre y cuando sepamos qué es lo que nos están ofreciendo. En los puestitos de comida callejeros es más fácil porque no suele haber muchas opciones. Pasás, mirás, si más o menos considerás que es algo que se puede comer, te acercás, pedís uno, pagás y lo comés. No hace falta intercambiar palabras, aunque, como siempre decimos, es bueno tratar de por lo menos saludar en el idioma local.

En el caso de los “restaurantes”, una opción que implementábamos mucho, sobre todo en China y algunos lugares del sudeste asiático, es entrar a la cocina. Sí, como leyeron, pedir permiso con un gesto y entrar a la cocina a ver qué hay. En general, lo que uno termina pidiendo es arroz o fideos salteados con un poco de verduras y, si hubiera, un poco de carne o pollo. Señalás los ingredientes y después hacés el gesto de que tenés una sartén del mango y estás salteando esos ingredientes. ¡Listo! En unos minutos tendrás esa rica comida china en tu mesa!

Otra opción, además de señalar, es recurrir nuevamente al lápiz y al papel. Podemos dibujar los ingredientes o pedirle a alguien que los escriba en el idioma local. Eso sí, no tenemos que olvidarnos la libreta donde están esas palabras. En la foto que sigue, parte de nuestra libreta con los nombres escritos por Serena, la chica del Couch que nos recibió en Beijing el año pasado.

Iberia Express

Para sacar un pasaje

Cuando estamos en un país donde no sabemos el idioma y donde la mayoría de las personas no hablan inglés y tenemos que sacar un pasaje de bus o tren se nos puede complicar. Pero no hay que desesperar. Una de las opciones es, como contamos antes, recurrir a quien sepa el idioma y pedirle que nos escriba en el idioma local el destino al que queremos ir. Podemos pedirle a la persona que nos aloja o a alguno de los que trabajan en el hotel donde estamos parando. También, y sería una solución a varios problemas, es pedirle a esa persona que nos escriba en un papel, en idioma local, todo lo necesario, por ejemplo: “necesito dos pasajes, para el jueves 21, a la mañana, para Chengdú”. Presentamos este papel en ventanilla y tenemos gran parte del problema resuelto. Digo “gran parte” porque falta entender y ponerse de acuerdo con respecto al horario. Pero ahí no es tan complicado porque, como dijimos, por suerte los números son iguales, entonces al escribir el horario en un papel ya es más fácil. A veces pasa que vos escribís un horario, el que te vende el pasaje te escribe otro y así hasta llegar al horario pretendido. Algo así como un “regateo de horarios”.

Otra opción es buscar algún joven estudiante local ya que existen mayores posibilidades de que sepa algo de inglés y pueda darnos una mano. Esto es más probable en las grandes ciudades que en los pequeños pueblos. En el siguiente video pueden ver cómo recurrimos al lápiz y al papel y a un joven que hable inglés para sacar un pasaje de tren en China.

Dígalo con mímica

Nos tocó viajar por el interior de Mongolia con dos mongoles que no hablaban nada de inglés. Pero nada, es «nada»… Así que tanto ellos como nosotros aprendimos muchas cosas del juego “dígalo con mímica”. A continuación, un ejemplo de cómo nos explicaron que en ese lugar había nacido Gengis Khan. Imperdible.

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Y la próxima semana estad atentos a la segunda entrega de La comunicación no verbal en los viajes

Y tú, ¿tienes alguna anécdota para compartir?

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