El "peligro" de viajar a Colombia


Me encantó esta campaña publicitaria que ví, por primera vez, en un canal argentino en mi departamento alquilado de Buenos Aires. Era en Navidad del 2008 y aún me quedaban 4 meses de viaje hasta poder adentrarme en territorio colombiano.

La campaña era bastante agresiva al presentar a Colombia como un destino turístico lleno de peligros: peligro de enamorarte de sus playas, peligro de enamorarte de sus gentes, peligro de caer en las redes de su cultura alegre y buenos platos típicos, peligro…de no querer regresar a tu país. Estaba claro que era propaganda hecha por el mismo país para que vayas a visitarlo y fomentar el turismo, pero se daba el caso de que los viajeros que había encontrado hasta la fecha -y los que iría encontrando en los meses posteriores- sólo tenían buenas palabras para este país del norte de Sudamérica con costa caribeña y pacífica.

El día 2 de mayo entré por Ipiales, localidad cercana a la frontera con Ecuador, y pasé en Colombia 3 de las mejores semanas de mi viaje por Sudamérica.

Iré colgando artículos de cada uno de los lugares que visité, de las vivencias que allí tuve y de las gentes que traté. No en vano -para mi gusto- los colombianos y colombianas han sido las gentes más amables con el viajero desconocido que encontré en todo mi periplo por el continente.

La imagen de Colombia en el exterior -sobre todo en Europa, diría- está bastante deteriorada por los años de lucha contra la guerrilla de las FARC, los grupos paramilitares anti FARC y los cárteles de los capos de la droga. Sin embargo, el gobierno del presidente Uribe ha dirigido sus máximos esfuerzos en contribuir a crear un país mucho más seguro del que recibió del anterior mandatario. Y lo ha conseguido.

Hoy por hoy, aunque la guerra aún no se ha ganado, la zona controlada por la guerrilla es mucho menor y se restringe a zonas de selva amazónica y otros lugares inaccesibles. Los secuestros son verdaderamente inusuales -y se centran tan sólo en magnates colombianos- y las muertes por guerras entre cárteles han descendido dramáticamente.

Viajé por la noche en autobús desoyendo los consejos de una Lonely Planet desfasada – una edición del 2006 que me regaló un amigo francés- salí por las noches en casi todas las ciudades costeras, Medellín y Bogotá, caminé a solas por un Parque Nacional en Pasto (al Sur del país), compartí colectivos…etc… Y tuve una sensación de seguridad mayor que la que tuve en otros países, en teoría, más seguros (como Perú y Ecuador, por ejemplo).

La presencia del Ejército en las carreteras es muy frecuente como parte del plan de seguridad gubernamental y la verdad es que se notan los efectos.

No es una casualidad que Colombia sea el país con mayor inversión extranjera del continente, cosa que ha impulsado la economía hasta ser la que más crece después de la de Brasil. El nuevo diamante en bruto es el turismo y cada vez son más las empresas extranjeras que se dan cuenta y se «arriesgan» a desembarcar en este maravilloso país.

Lo siento por Juan el Pirata -personaje español de 55 años afincado en Santa Marta sobre el que os contaré una buena historia- que me dijo que no hablara sobre las bondades de Colombia para que -y repito textualmente- «no empiecen a llegar turistas y nos jodan el tema. ¡Decidles que os secuestraron nada más bajar del avión!». Lo siento, Juan…¡Venid todos a Colombiaaaa!.

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