Impresiones de un viaje a Casablanca

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Las vistas de los pescadores locales a la Gran Mezquita Hassan II en Casablanca

Creo que Marruecos es el destino más próximo desde España que ya puede darnos ese cosquilleo de sorpresa, esa inigualable sensación de mezclarte en una cultura distinta cuando estamos de viaje. Si bien es cierto que la gente de Algeciras no dista mucho de los habitantes de Tanger, las costumbres culturales moldean el territorio desde siglos y cuando pisemos territorio marroquí nos sorprenderá pensar que el vuelo apenas ha durado un par de horas.

Hace unos años realicé una ruta en coche por Marruecos y este fin de semana pasado volvía a poner mis pies en el país vecino. No obstante, en esta ocasión cambié las dunas del desierto por las calles de la ciudad más desarrollada del país, Casablanca.

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El blanco radiante en las fachadas del Boulevard Mohamed V a la espera del nuevo tranvía en la ciudad

Nos subimos a un vuelo de Air Arabia directo desde Barcelona a Casablanca y descubrí el estilo peculiar que tienen muchos marroquíes al subir al avión. Sin duda, parecían expertos en el Ryanair style consistente en pillar el primer asiento libre a bordo, reservando incluso el asiento de al lado con el bolso u otros artículos que tuvieran a mano. La compañía nos había marcado un numerito y una letra claramente visibles en nuestro billete pero no parecían hacerle demasiado caso. Afortunadamente, el avión no estaba lleno y pudimos sentarnos en otras filas y despegamos sin más demora.

Casablanca nos esperaba oscura. Había anochecido y, en un trayecto de unos cuarenta minutos, cruzamos las calles principales de la ciudad hasta llegar al Barceló Hotel donde nos alojaríamos durante un par de noches en un céntrico enclave para descubrir los secretos de la ciudad más moderna del Magreb.

Hablar de antiguo en Casablanca es hablar de la época de la colonización francesa de principios de siglo XX. La arquitectura art decó decora la zona este de la Medina con ciertas pinceladas moriscas y árabes. Me sorprendió el blanco impoluto que desprende el Boulevard Mohamed V a la espera del flamante tranvía que se inaugurará a principios del año que viene.

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A las palmeras les queda tremendamente bien el blanco y Casablanca es un buen ejemplo de ello. La ciudad sigue un escrupuloso dictado para mantener sus edificios de color blanco tal y como los portugueses la bautizaron al desembarcar en su puerto: Casa Branca. Su nombre se castellanizó a Casablanca con el tiempo y, hoy en día, todavía conserva su color más representativo en las fachadas.

La Corniche abre la ciudad al océano Atlántico y se extiende a lo largo de la carretera de la costa en un paseo marítimo con algunos edificios venidos a menos y otros que vuelven a reverberar con el turismo y los expatriados que se afincan en la ciudad, especialmente de procedencia francesa. Tras La Corniche se abre el Anfa, el barrio residencial donde sus enormes villas parecen competir entre sí para ostentar el título al jardín mejor cuidado del barrio.

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En la misma costa de Casablanca deslumbra una edificación por encima de todas. Se trata de la Gran Mezquita Hassan II. De reciente construcción, esta mezquita ocupa 9 hectáreas y es la tercera más grande del mundo. Su enclave, con vistas al mar, ofrece unas panorámicas preciosas y los no creyentes pueden entrar y disfrutar de su interior. Más adelante hablaremos con detenimiento de la mezquita de Casablanca ya que su visita merece un post especial.

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Apenas encontramos turistas cuando visitamos la medina de la ciudad. Al contrario de lo que me esperaba de una ciudad tan moderna y occidentalizada como Casablanca, la medina ofrece el sugerente espectáculo humano del día a día en cualquier población árabe. Había llovido y las calles estaban cubiertas de barrio, los aromas de cilantro y menta se mezclaban con las especies y no faltaban comercios donde sentarte de cara a la calle y contemplar el día a día con un buen chai en la mano.

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El Palacio Real de Casablanca

Casablanca es un buen lugar para iniciarse en tus viajes por el mundo árabe si todavía no lo has hecho. Ofrece un buen equilibrio entre la modernidad y la tradición. Desde mercados exclusivos a la venta de olivas especiadas, otros dedicados al pescado donde te servirán unas buenas sardinas a la brasa, a hoteles y bares con terrazas dignos de aparecer en las revistas fashion de cualquier ciudad europea. Casablanca ofrece modernidad y a su vez la esencia árabe del detalle a las pequeñas cosas y el amor por la tradición.

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