Sol, playas y fiesta en La Pedrera, Uruguay

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Durante mi viaje de seis meses por Sudamérica, una de las más gratas sorpresas me la llevé en Uruguay. No sabía qué iba a encontrar por allá y, antes de Navidad, salí del país con nuevos amigos y deseando regresar. Así que, trás pasar la Navidad en Buenos Aires y un par de semanas en Brasil, volví a Uruguay para pasar un fin de semana en la zona de playas bañada por las aguas del Océano Atlántico.

Mi amigo uruguayo Federico -el Quilla- me organizó la escapada a la Pedrera, una de las zonas playeras a la que se dirigen gran parte de los turistas uruguayos y algunos de los que vienen de Argentina y Brasil.

Quilla conocía bien la zona y estaba algo más cerca de Montevideo que la nueva playa de moda entre la mayoría de los mochileros, tanto nacionales como internacionales, Punta del Diablo, playa hippie de difícil acceso que carece de luz eléctrica y otras instalaciones básicas. La gente duerme al aire libre o apelotonados en casas muy básicas y la verdad es que me habría gustado ir, pero otra vez será.

Tras pasar un par de noches en la capital con cenas y algunas copas incluidas, Fede salió de currar el viernes y pasó a recogerme a éso de las 3. Nos hicieron falta tres horas y pico de conducción costera hacia el Este para llegar a La Paloma, pueblecito costero adyacente a La Pedrera.

Estábamos en la tercera semana de Enero, en plena temporada alta del verano austral y el tema del alojamiento estaba realmente complicado. Fede había pasado allí una semana hacía poco tiempo y conocía a una mujer que alquilaba departamentos. Y fue así como conseguimos la «Poci» -que no viene de pócima sino de pocilga-:un estudio del tamaño de una caja de zapatos que no tenía ni cama pero sí un sofá y un colchón para poner en el suelo. El precio no era ninguna ganga: 17 dólares por persona y noche. Y es que las zonas de costa de Brasil, Uruguay y Argentina, en temporada alta, manejan precios que nada tienen que envidiar a los de Europa.

Si tenéis idea de escapar del invierno europeo para pasar unas vacaciones en estos lugares, os aconsejo que os miréis el tema del alojamiento con bastante antelación.

Otra opción que utiliza mucha gente joven es la acampada. La zona está llena de campings que ofrecen tanto parcelas para tiendas o caravanas como cabañas de todo tipo, desde las más básicas a las que cuentan con televisión por cable y aire acondicionado.

Dejamos las cosas y salimos a comer algo. El tipo de turismo de la Pedrera es muy distinto al que puedes encontrar en Punta del Este -zona pija por excelencia- y algo más cercano al de Punta del Diablo. Aunque hay alguna que otra familia, la mayoría es gente joven buscando Sol y fiesta. La Pedrera nunca duerme.

Después de echarnos una siesta reparadora nos fuimos a casa de unos amigos de Fede que nos habían invitado a una barbacoa. Dos parejas uruguayas cojonudas con las que nos partimos de risa y disfrutamos de un asado tremendo. Acabamos con unos buenos whiskies y Fede y yo salimos dando tumbos camino de una de las macrodiscotecas al aire libre que se encuentran casi en línea de playa.

Iberia Express

La noche en Uruguay -como en Argentina- comienza aún más tarde que en España. Llegamos casi a las 4.30 de la mañana y la cosa estaba poniéndose animada. El cénit de la fiesta llega más o menos a eso de las 5.30 y la música y bebida sin control continúa hasta las 8.30. La gente se sigue sacudiendo a ritmos de reggaeton, salsa, cumbia y música electrónica en los diferentes ambientes que encuentras en la disco. A esas horas el Sol ya pega fuerte y cobra sentido el aviso que me dio Fede de gratis: Gallego, llevate las lentes de Sol. Salimos de allí casi a las 9 y la temperatura ya era casi insoportable.

Entre la resaca y el calor, no pusimos un pie en la playa hasta las 4 de la tarde del Sábado. El agua tiene un color azul grisáceo y las playas son de todo tipo y anchuras. Primero fuimos a tomar un baño a una más bien estrecha pero salvaje y fuimos a ver el atardecer -junto con los amigos de la noche pasada- a otra playa cercana bastante más ancha donde había gente jugando al fútbol y un escenario para conciertos. Uno de los amigos de Fede tocaba esa tarde así que nos quedamos a verle.

Por la noche cenamos todos juntos en un bonito restaurante de La Paloma y nos tomamos un par de copas en los bares de la zona. Una lluvia intensa y un sueño aún más intenso nos dieron el empujón que necesitábamos para irnos a dormir a una hora prudente (las 4 de la mañana) y guardar energías para el viaje de vuelta que nos esperaba el Domingo.

Un buen destino para disfrutar de Sol, playa y fiesta en Uruguay, bastante más barato que la exclusiva Punta del Este y con buen ambiente mochilero. ¡Gracias Quilla!.

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