Visitar un pueblo de selva como Tarapoto es adentrarse en un lugar donde la prisa y el estrés no tienen lugar. Se nota en la gente, en la forma en que te atienden.
Un tranquilo paseo por el mercado es una bendición para el alma estresada: caminar, mirar, tomar diferentes jugos (de piña, papaya, maracuyá, naranja, etc.), probar esa otra fruta, conversar con la señora del establecimiento y seguir paseando.
Realmente Tarapoto o cualquier ciudad en la selva peruana sirve para olvidar los nervios y el estrés por una buena temporada.