
Durante nuestra estancia en Uzés nos instalamos en un bonito y pequeño hotel de estilo rural. Se llama Auberge d’Uzés y se encuentra a las afueras de la ciudad. Cuenta con piscina, buen restaurante y las habitaciones, aunque ligeramente pequeñas, no estaban mal del todo. El wifi es de pago, salía por un euro la hora y puede comprarse en pack o de manera individual.
La habitación doble nos salió por 65 euros sin incluir el desayuno.
Tras la visita a la cercana Avignon estábamos cansados. Queríamos cenar en el mismo hotel y echarnos a la cama pero a las 9 ya cerraban la cocina -algo habitual por Francia y la mayoría de pueblos de la Europa occidental- y probamos suerte dirigiéndonos con el coche al centro de la ciudad de Uzés.
Visita a la ciudad medieval de Uzés
Paseamos por la ciudad de Uzés de noche y nos maravilló la buena iluminación del casco antiguo resaltando los motivos medievales y callejones que esconde esta ciudad. Uzés fue y todavía es el primer ducado que existió en Francia desde el siglo XVII. Conviene darse un paseo por su centro histórico donde contemplaréis edificios renacentistas y casas señoriales que se levantan entre pequeños callejones de adoquines bien conservados.
El castillo de Uzés, como otros tantos que han sufrido pocos desperfectos, parece salido de un cuento de hadas. Mezcla múltiples estilos desde sus inicios allá por el siglo XI. Lamentablemente, el castillo es privado y pedían la friolera de 17 euros para realizar la visita así que lo evitamos y seguimos paseando por la bonita place aux Herbes y visitamos la iglesia de Saint Étienne y la céntrica Catedral Saint Théodorit.
Cenamos en la azotea de un restaurante con fenomenales vistas a la catedral iluminada por la noche. Tras la cena encontramos por sorpresa una fiesta local y no desaprovechamos la ocasión. Celebraban la inauguración de la temporada de recogida de la vendimia y no nos pareció ver más que a locales aparte de nosotros. Nos infiltramos de buena gana.
Durante la fiesta me pareció curioso observar que aquí los locales casi no beben vino, cerveza o cubatas. En la barra no paraban de servir pastís y siguiendo el lema «allá donde fueras, haz lo que vieras» nos tomamos unas cuantas copas de pastís y bailamos al ritmo del DJ Patrice con sus radicales cambios de estilo.
De las canciones populares nos íbamos a algún tema moderno estilo Lady Gaga, pasando por Brigitte Bardot y Serge Gainsbourg. Incluso sonó un tema de Julio Iglesias en francés y repasamos de vez en cuando alguna oferta de los sponsors como Carrefour y otras tiendas que solo los habitantes de Uzés serían capaces de reconocer. Nos lo pasamos en grande disfrutando de una auténtica fiesta de pueblo e hicimos buenos y borrachos amigos.
Os dejo con este vídeo para que os hagáis una idea de esta fiesta tan divertida:
Por la mañana disfrutamos de la piscina del hotel tras el desayuno y emprendimos la marcha en dirección Anduze. El objetivo era visitar el poco conocido parque natural de Cévennes y los cañones de Tarn.
El tren a vapor de Anduze
Distan unos 40 kilómetros entre Uzés y Anduze y los hicimos en apenas una hora. Aparcamos el coche en un céntrico parking de la ciudad y dimos una vuelta por el pueblo. Nos acercamos a la oficina de turismo y entre las posibilidades que encontramos nos decantamos por probar suerte en el tren turístico que parte de la misma Anduze y recorre el valle hasta llegar a Saint Jean du Gard.
Se trata de un antiguo tren a vapor cuyo itinerario visita el valle des Gardons y promete grandes vistas al parque nacional de Cévennes.
Haz click para más info y llévate un 5% de descuento.
La ida y vuelta nos salió por 14 euros y durante su recorrido el tren realiza una parada en Bambouseraie donde se levanta un bonito jardín botánico y finalmente estaciona en Saint Jean du Gard. El trayecto dura aproximadamente hora y media.
La inicial excitación de la aventura se vio interrumpida por el extremo calor que hacía en el interior del tren y al ver el exagerado vapor que desprendía la máquina ensuciando el medio ambiente y echando a perder las fotografías con su enorme nube negra.
Fue una verdadera lástima estacionar junto al jardín botánico y ver cómo la enorme nube negra que emitía el tren enturbiaba la bonita vista. Sólo hacía falta ver toser a los bambús envueltos en esa horrible nube de monóxido de carbono.
Verdaderamente, nos agobiamos haciendo el trayecto y a los 20 minutos ya estábamos contando el tiempo que nos quedaba para terminar el periplo y volver a tierra firme. Realmente el recorrido no tiene vistas destacables que no podamos ver con el coche directamente desde la carretera.
Subirse al tren de vapor de Anduze lo consideramos un fracaso en toda regla durante nuestro viaje por el sur de Francia. De todas maneras, si vais con niños igual merece la pena con el premio final del parque de atracciones que existe en el punto final del recorrido en Saint Jean du Gard.
Pincha aquí para hacer tu reserva.