Hacía tiempo que no visitaba Valencia y todavía desconocía la zona moderna de la ciudad: la flamante ciudad de las Artes y las Ciencias. Llegamos procedentes de Peñíscola en coche en un viaje de poco más de hora y media y pudimos aparcar fácilmente frente al nuevo símbolo de Valencia.
Esta zona engloba las principales celebraciones culturales de la ciudad y se encuentra en la zona final del cauce del río Turia. No nos costó seguir la señalización por carretera en el interior de Valencia para llegar a la zona y en pocos minutos salimos de la autopista y nos metimos de lleno en la ciudad de las Artes y las Ciencias.
El conjunto de edificaciones fue diseñado por Santiago Calatrava y sin duda viene a ser el símbolo de progreso de las vacas gordas en la economía del país que dejamos atrás hace ya unos años. Aunque tiendo a ser un poco escéptico con los contrastes modernos en una ciudad con tanta historia, debo decir que la impresión que tuve al ver esta nueva zona de la ciudad me sorprendió muy gratamente. Al encontrarse alejada del casco antiguo no significa un pegote post-moderno y es una delicia a los ojos y un placer para el cuerpo al pasear por alrededor de sus instalaciones.
La zona está rodeada de zonas verdes, algún chiringuito donde tomar algo -en diciembre hacía un frío que pela, así que pasamos de largo el aperitivo- y un lindo paseo que recorre los edificios principales: el palacio de las Artes, el cine Planetario, el Museo de las Ciencias y el Parque Oceanográfico.
Tras la visita, nos fuimos al casco antiguo de la ciudad donde comimos un menú por 8 euros que nos puso las pilas para retomar el camino en dirección Cuenca.