
La costa Oeste australiana es famosa por su solitaria vastedad. Son los animales los verdaderos dueños del inmenso territorio de Western Australia mientras el ser humano queda relegado a vivir en Perth -la ciudad más aislada de las de tamaño similar en el Mundo-, Exmouth o poblaciones minúsculas separadas entre sí por centenares de kilómetros.
Nosotros decidimos dedicar una semana a esta parte de Australia en lugar de recorrer la costa Este, mucho más desarrollada a nivel turístico y por la que es más fácil moverse.
Volamos de Melbourne a Perth y tan sólo pasamos una noche en una ciudad que nos pareció de lo más aburrida. Alquilamos nuestra furgoneta al día siguiente y partimos rumbo Norte.
La primera parada de interés son The Pinnacles , enclavados en el Parque Nacional de Nambung-Los Pináculos- que se encuentran tan sólo a unos 250 kilómetros al Noroeste de la urbe, cercanos al pueblo que lleva por nombre Cervantes (cuyas calles tienen nombres de ciudades españolas).
La carretera para llegar está en buenas condiciones y, a diferencia de lo que pasará más al Norte, aún os cruzaréis con otros vehículos.
El lugar es un curioso parque natural formado por una especie de bosque de formaciones rocosas de distintas formas que más parecen plantas o árboles pequeños que simples piedras.

Además existe una fauna muy variada viviendo por allí. A los omnipresentes canguros se le añaden emus, lagartos de distintos tamaños y una gran cantidad de especies de pájaros, arácnidos y otros insectos. De todos ellos los canguros y emus son los que más se dejan ver durante el día.
Llegamos a The Pinnacles casi al mediodía y pagamos nuestra entrada en la pequeña oficina que encontraréis antes de acceder al aparcamiento. Allí te indican que puedes realizar un recorrido en tu vehículo y a tu ritmo por una senda marcada dentro del parque. No es muy grande así que lo hicimos en unos 20 minutos yendo a 10 km/h y parando en algunos lugares para hacer fotos.
Después de dejar la furgoneta en el aparcamiento nos recorrimos los distintos caminos que tienen para hacer a pie. Hay un par de puntos de observación interesantes pero la verdad es que, después de haber visto las rocas por un tiempo, lo mejor que puede pasaros es que veáis alguno de los animales que pueblan el lugar. Nosotros no tuvimos esa suerte y nos contentamos con transigir -todo locos…¡wowww!- la norma que te hace ceñirte a la senda marcada para hacer de Notanjóvenes Castores y seguir las huellas recientes de lo que parecía ser un canguro de gran tamaño.
Es muy fácil ver marcas del paso de animales en la arena desértica del paisaje pero al final sólo encontramos excrementos aquí y allá del bicho en cuestión.
El precio del ticket en Mayo 2011 era de 11 AUD por coche y está abierto al público de 9 de la mañana a 5 de la tarde.
No me pareció una visita muy impresionante y fue la primera vez -que no la última- que nos acordamos de la tía de la agencia de turismo de Perth que nos vendió el lugar como poco menos que una de las Siete Maravillas del Mundo Natural. Claro que también nos aconsejó la compañía de alquiler Travellers Autobarn que nos dio una auténtica tartana con la que pasaríamos algunas peripecias. ¡Una crack la muchacha!.
En fin, que si pasáis por la zona os podéis parar un rato a verlo -casi más por el contraste de las dunas con el azul intenso del cercano mar- pero nada de ir expresamente hasta allá si ya habéis visto alguna cosa parecida por el Mundo.