Razones por las que viajar a Myanmar antes que a Tailandia

Bagan, Myanmar
Bagan, Myanmar

Ya sea por el fenómeno Callejeros Viajeros o algo similar, durante los últimos años han sido cada vez más los amigos y amigas que me han preguntado sobre la posibilidad – y dificultad – de realizar un viaje por el Sureste Asiático. Sin embargo, la mayoría de ellos no tienen muy centrado el tiro. Esta región del mundo se presenta en sus mentes como Tailandia y algunos pequeños países más. Tailandia…

No sé si existe un galardón que premie al país con mejor marketing turístico del mundo creado por él mismo (vamos, lo que se viene llamando el autobombo), pero de ser así, creo que Tailandia se lo llevaría de calle.

Se han auto-adjudicado términos tan esponjosos y edulcorados como los eslóganes de una conocida marca de refrescos de cola. El que más me gusta es el de “El País de las Sonrisas”, quizá podría valer para uno de los reinos de los Osos Amorosos. Tremendos dibujos aquellos.

Pero bueno, ironías aparte, lo cierto es que Tailandia es un gran país con numerosos atractivos. Desde el punto de vista paisajístico lo tiene casi todo – selvas tropicales, islas de playas paradisíacas, aguas llenas de vida submarina – y, además, cuenta con una moderna capital donde pasarlo de lujo, templos budistas, ciudades  históricas, fiesta, etc. Para más inri es un país relativamente barato y sus infraestructuras turísticas tienen un buen nivel.

Pero algo falla…

Verduras en el mercado de Kengtung
Verduras en el mercado de Kengtung

Al oeste de Tailandia se encuentra Myanmar, un desconocido país de considerables dimensiones. La antigua Birmania y Burma pasó de imperio a colonia inglesa en un abrir y cerrar de ojos.

Poco a poco se está convirtiendo en uno de los destinos de moda del sureste asiático. ¿Por qué elegiría antes Myanmar que Tailandia? Aquí os dejo unas cuantas razones personales:

Myanmar es el auténtico País de las Sonrisas

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No hay necesidad de proclamarlo a los cuatro vientos como reclamo turístico. Lo realmente importante es que sea cierto. En Myanmar lo es. El boca a boca hace el resto.

Por cosas del destino he acabado viajando a este país como parte de uno de mis trabajos. Durante un mes al año (dependiendo de la temporada) guío a un grupo de españoles por los principales puntos turísticos de Myanmar, trabajando codo con codo con guías locales y otras personas relacionadas con la logística del viaje (cocineros, conductores, maleteros, ayudantes). El trato de estas personas es excelente. Los birmanos emanan amabilidad por los cuatro costados. Y no se trata sólo de las personas con las que trabajas.

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La gente a la que guío se queda sorprendida cuando cruzan la mirada con alguien que pasa por un camino campestre o una calle de una de las vibrantes urbanas, y esa persona le sonríe. Así, sin más.

Es algo alegre por un lado, pero triste por otro. Este tipo de cosas te hacen pensar que en España – y el mundo más desarrollado, en general – hemos perdido ese carácter amable y hospitalario. Ponerte a sonreír, o hablar con desconocidos, ya no se hace. O peor, se ve mal.

Aunque en Tailandia esto sigue pasando en algunos lugares, en la mayoría sólo te sonreirán porque saben que eres un turista que viene con dinero para gastar. En Myanmar es totalmente genuino y aún se te sigue acercando gente con la única voluntad de practicar su inglés y aprender algo de lo que es la vida en un sitio tan lejano y desconocido como Europa Occidental.

Campos de arroz en Kentung, Myanmar
Campos de arroz en Kentung, Myanmar

Sonrisas que te alegran el día y te tocan el alma.

Myanmar está mucho menos trillado por el turismo

Cuando visité Myanmar por primera vez, en el año 2011, apenas vi turistas extranjeros. Ese año recibieron unos 300.000 visitantes. En el año 2015, esta cifra se había multiplicado por diez. Sí, contando esto parece que he puesto el titular al revés. Pero no.

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Fui por primera vez a Tailandia en el 2004, para regresar en 2011, año en el que prometí que no volvería al país.

Los lugares turísticos de Tailandia ya estaban masificados en el 2004… Y en 1990. Atrás quedaron los tiempos en que sus playas paradisíacas eran también desiertas; podías intentar hablar, mediante signos, con pescadores que no habían visto un occidental en años; y los hippies vagabundeaban de aquí para allá, entre templos budistas engullidos por la selva.

Ya no queda casi nada de eso, salvo algunos pequeños reductos que se mantienen fuera de los circuitos turísticos. Hordas de mochileros trillan casi todo el territorio.

Myanmar aún no ha llegado a ese extremo. La Junta Militar – en el poder entre los años 60 y finales del 2015 – hizo que el país estuviera totalmente cerrado al exterior.  Un tímido aperturismo en el último mandato ha acabado de eclosionar con la llega al poder del NLD (National League for Democracy), de la Premio Nobel Aung San Suu Kyi, hija del general Aung San, padre de la independencia birmana.

Aunque cada vez llega más gente a Myanmar, aún no es un destino masificado y los turistas tan sólo visitan los 5 ó 6 lugares más emblemáticos. Playas e islas salvajes son totalmente desconocidas, al igual que selvas y montañas.

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Aún queda mucho por descubrir en Myanmar.

Arrozales alrededor de Kentung
Arrozales alrededor de Kentung

Myanmar está comenzando a salir de una época muy oscura

Como ya os he comentado, desde noviembre del año pasado, las cosas han comenzado a cambiar para el sufrido pueblo birmano.

Cuando fui en 2011, internet apenas se podía usar, no existían smartphones (y tan sólo unos pocos tenían un móvil normal) y las colas de motos para reponer combustible comenzaban a formarse desde las 2 de la mañana del día anterior.

Myanmar no es, para nada, un país pobre. Al contrario. Minas de jade, diamantes, petróleo, maderas nobles, etc. El problema han sido los corruptos dirigentes militares, quienes han pensado sólo en enriquecerse a corto plazo y vendieron medio país a los chinos.

También quisieron mantener al pueblo llano en la pobreza e incomunicación para manejarlos a su antojo.

Hace unos pocos años que esto está cambiando. Los índices de escolarización han subido drásticamente y las condiciones económicas han ido mejorando conforme el bloqueo internacional ha ido remitiendo. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer. Cambiar la mentalidad de un pueblo oprimido es algo que no se puede hacer de la noche a la mañana.

Debes visitar Myanmar conociendo su historia y su pasado político. Tras tanto tiempo sumido en el ostracismo, es un pueblo muy abierto a conocer cosas sobre el exterior. Tu visita puede ayudarles, no sólo económicamente sino también en el ámbito personal.

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Myanmar es tan bonita, o más, que Tailandia

Selva tropical, bosques, montañas, playas solitarias de arenas blancas y palmeras, aguas cristalinas, monumentos arqueológicos… Y Bagan, una antigua ciudad con más de 2.700 pagodas.

Myanmar es un país precioso. Si lo visitas en noviembre o diciembre, justo después de la temporada de lluvias, Myanmar te regalará unos paisajes que parecen obra de un pintor loco. No tiene nada que envidiar a su vecino del este.

La colonial Mandalay, con sus antiguas capitales alrededor; el famoso lago Inle, con sus palafitos llenos de vida; la caótica pero intensa Rangún; las tribus de las montañas de Kengtung…  Y aún quedan muchas zonas por descubrir. El turismo no ha pasado de estos pocos lugares marcados en los itinerarios vendidos por las agencias.

 

Venga, no lo pienses más:  ¡Déjate de Tailandia y viaja a Myanmar!

 

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