Viajando a Queenstown, meca del deporte de aventura en Nueva Zelanda

Vistas impresionantes en los alrededores de Queenstown

Después de pasar unos días en la destruida Christchurch y en el corazón de los Alpes del Sur disfrutando del Monte Aoraki, pusimos rumbo Sur hacia la meca del deporte de aventura de Nueva Zelanda -si no del Mundo-, la ciudad de Queenstown.

Queenstown es un hervidero de gente joven que busca chutes de adrenalina durante todo el año.

La primera vez que visité la ciudad -en el verano austral del 2004- con 2 de mis mejores amigos, ni siquiera pudimos encontrar sitio en el cámping cercano a la ciudad. Aunque esta vez era invierno, las calles también rebosaban de vida durante el día.

El esquí y el snowboarding son el principal reclamo en invierno y viene gente, no sólo de todo el país sino incluso de Australia y otros lugares del Mundo, a disfrutar de las cuatro famosas estaciones: Cardrona Alpine Resort, Coronet Peak, The Remarkables y el Treble Cone.

En el 2004 llegamos a las agradables temperaturas de Queenstown en busca de emociones fuertes en el agua pero el rafting nos lo suspendieron por el escaso caudal del río. Sin embargo probamos por primera vez el river boarding. Fue una pasada.

Nos pusimos un traje de neopreno y te dan una especie de tabla de plástico con dos asideros -uno a la izquierda y otro a la derecha- para poder orientarla. La parte superior de tu cuerpo va acostada en la tabla y después a dejarte llevar por la corriente e intentar esquivar remolinos, rocas y demás. Lo pasamos de lujo y atrapados en algún remolino comprobamos -sin quererlo- que el agua del río era potable. Adrenalina pura y risas mil.

A falta de nieve nos dedicamos a explorar los bosques a pie. Una maravilla

Otras de las opciones son el jetboat -lanchas rápidas en el río-, rafting, pesca en el bello lago Wakatipu o los auténticos subidones de adrenalina provocados por el bungy jumping -saltos al vacío desde un puente y atados por una cuerda elástica- y el sky diving, con saltos desde más de 4.000 metros de altura y casi un minuto de caída libre antes de que se abra tu paracaídas (si no se abre es más tiempo de caída pero después no puede recoger el vídeo…Ni las fotos).

La gran fama del lugar tiene algún que otro efecto negativo sobre los aventureros que se pasan por allí. Los más claros son los precios y el alojamiento.

Si váis en plena temporada de esquí o en verano, deberéis reservar vuestro alojamiento o camping con antelación. Yo no lo hice en ninguna de las dos visitas y en el 2004 tuvimos una gran anécdota al respecto.

Vistas del Lake Wakatipu, a orillas del cual se encuentra Queenstown

Intentamos buscar una parcela libre en el camping y, al no encontrarla, decidimos, al menos, tomar una ducha. El tema es que las duchas eran sólo para clientes y nos pilló el dueño. Nos hizo pagar la noche entera y nos tiró a la calle. Unas risas porque al que cogió in fraganti era a nuestro amigo Óscar que no entendía ni papa de inglés y sólo veía delante de sí a un tipo, grande como un oso y con peores pulgas que las del perro de la Profecía, gritándole cosas ininteligibles.

El otro efecto secundario es el alto precio de las actividades en comparación con el resto del país. El Sky diving, por ejemplo, te puede costar entre un 40 y un 60% más que en Taupo, un bello lago de la isla Norte con vistas increíbles. Lo mismo ocurre con el rafting.

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En el invierno de 2011, Tati y yo llegamos con la intención de esquiar 1 ó 2 días aunque ella no sabía y yo era un auténtico matado. La nieve se retrasó y nosotros partimos después de explorar un poco los alrededores de la ciudad a pie.

Las vistas del valle desde lo alto cuando ya nos marchábamos

Queenstown es pequeña y su centro tiene mucha vida en forma de tiendas, restaurantes y bares que, en temporada alta, se llenan de jóvenes con ganas de farra cada noche de la semana.

Además es una parada casi obligada para aquellos que van camino del acceso a los famosos fiordos de Milford Sound.

Era mi segunda visita a Queenstown y Nueva Zelanda y de nuevo me fui sin ver Milford. Esta vez fue el intenso frío y la imposibilidad de realizar la caminata a pie por la zona -cierran los pasos en invierno por su peligrosidad- lo que me hizo desistir. La otra vez, en aquel verano del 2004, fue la escasez de pasta.

Moraleja, debo volver a Nueva Zelanda.

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Para los cinéfilos, decirles que aquí se rodaron muchas escenas de El Señor de los Anillos y se filmó Willow en su totalidad.

Aún recuerdo nuestras risas cuando el chaval que nos conducía al inicio del río en el que hicimos hydrospeed nos contó que había hecho de orco en la peli. ¡Qué envidia!. ¡Lo que habría dado por salir en esas películas!.

En los alrededores está el famoso y espectacular trekking de Routeburn. Lo hicimos en 2004 y pasamos una gran aventura como ya os relaté.

Una zona espectacular del Mundo en uno de los mejores países que he visitado en mi vida.

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