
Si uno quiere descubrir el origen de la Navidad, sea creyente o no, alguna vez en la vida deberá viajar a Israel, cruzar el muro que marca la frontera con Cisjordania y visitar la mítica localidad de Belén. Sin duda alguna, se trata de uno de los destinos más frecuentados durante la época de Navidad. Durante estas fechas señaladas se realizan multitud de actividades y eventos por lo que si te planteas viajar a Belén durante las fiestas de Navidad es necesario reservar con mucha antelación.
Durante mi periplo de un mes por Medio Oriente visitando Siria, Jordania, Israel y Egipto me acerqué a los orígenes del cristianismo pisando el suelo que vio nacer a Jesús de Nazaret según los evangelios de Lucas y Mateo.
Desde Jerusalén me levanté bien pronto con la idea de visitar Belén y, si el tiempo lo permitía, algún destino más en Cisjordania como Hebrón o Jericó. Me dirigí hacia la estación de autobuses en la parte este de la ciudad. Antes de llegar, justo en frente de la puerta de Damasco, vi el autobús 124 en marcha que, según la guía, iba en dirección a Belén y lo abordé. Me costó siete shequels y en poco más de 20 minutos llegamos al muro de separación donde el autobús paró y nos dejó a todos.

Realmente encontrar un muro semejante en el siglo XXI es algo que cuesta entender y deja la piel de uno helada. Conocí a un par de chicas extranjeras que iban también en el autobús y juntos pasamos por el detector de metales -uno a uno, por supuesto- y por la inspección de pasaportes. La operación fue bastante rápida -para nosotros, no tanto para los locales- y al otro lado del muro nos esperaban los taxistas para abordarnos.
Belén se encuentra a pocos kilómetros del muro y bien se puede hacer andando. No obstante, siendo tres nos subimos a un taxi y por 15 shequels nos dejó en el centro de la ciudad.
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Si uno espera encontrar en Belén la típica postal bucólica y navideña con su pradera, pesebres, bueyes y pastorcitos se equivoca. Belén se encuentra en una zona desértica aunque el centro es bello y probablemente uno de los lugares más amables a la vista de los que he visto en Palestina. El turismo se nota y actúa de forma positiva en el lugar.
El centro de Belén se concentra en la plaza Manger, donde en su parte más al este se encuentra la iglesia de la Natividad, el lugar exacto donde según dicen nació Jesús de Nazaret.
La iglesia fecha del siglo IV y fue reconstruida más tarde al estilo bizantino y ampliada en la época de las cruzadas. El motivo fue añadir diferentes capillas y, hoy en día, los griegos ortodoxos, los armenios y los cristianos poseen derechos sobre la iglesia y cada uno ejercita sus rezos en sus propias zonas.
La entrada se llama la puerta de la humildad. Veréis rápidamente desde la plaza una pequeña puerta por la que deberéis agacharos al entrar. El motivo viene de épocas medievales para evitar así que los caballeros entraran con su caballo al interior de la iglesia y mostraran el respeto debido en la casa del Señor.
En el interior de la iglesia de la Natividad encontraréis unas escaleras que llevan a una cueva donde una figura geométrica de 14 puntas labrada en plata marca el lugar exacto donde supuestamente nació el niño Jesús.
A la misma izquierda de la iglesia una puerta comunica con la iglesia de Santa Catalina. Se trata de un edificio mucho más moderno y desde donde los días de Navidad se retransmite la ceremonia por televisión.

A unos cinco minutos de la plaza siguiendo la calle a mano izquierda se encuentra la gruta de la leche. Es aquí donde la Virgen María, José y el niño Jesús se escondieron de la matanza de los inocentes. En este lugar María derramó una gota de leche mientras amamantaba a Jesús y convirtió una piedra roja en un blanco esplendoroso. Desde entonces, cristianos y musulmanes creen que la roca aumenta la fertilidad y muchas mujeres vienen con la esperanza de poder tener hijos en el futuro. El interior de la cueva es una lugar sereno, tranquilo e ideal para escapar del habitual calor exterior.
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Seguí de visita con las dos chicas que conocí en el autobús de camino a Belén y nos subimos a un taxi que nos llevó a Bet Sahur y al monte de los pastores. Sólo dista a unos dos kilómetros de Belén en un pronunciado descenso. Es aquí donde el ángel Gabriel visitó a los pastores y les anunció sobre la llegada del Mesías.
Hoy en día se levanta una iglesia griega ortodoxa muy reciente y en su interior cobija una capilla del siglo IV con frescos relativos a la anunciación. Fuera de la iglesia, en el mismo pueblo, encontraréis un famoso mural grafiti realizado por el artista Banksy. Se encuentra al lado de un garaje y representa un militar disparando un ramo de flores.
Para volver a Belén es necesario subir a un taxi aunque por la calle no vimos ni un alma. Así que nos tocó subir a pie los tres kilómetros que distan de la ciudad.
En el centro de Belén encontraréis una enorme estación de taxis compartidos que os llevarán a cualquier lado en Palestina. De todas maneras, si queréis volver a Jerusalén, lo más cómodo es subir en taxi hasta el muro de separación y tomar el autobús 124 que os devolverá en pocos minutos a la ciudad.