Después de la tranquilidad y un descanso merecido -y necesario- de las grandes urbes chinas, que tuvimos en Yangshuo, pusimos rumbo a un nuevo centro neurálgico del Sur de China: la ciudad de Guangzhou.
Más moderna y organizada que Pekín y sede de los últimos Juegos de Asia en 2010, Guangzhou es un importante centro económico donde la apertura a los mercados occidentales es casi total.
La ciudad es atravesada por el Pearl River y es muy fácil de recorrer tanto a pie como con el bus o el metro, que es realmente nuevo. El gran “pero” de Guangzhou es, como en tantas otras grandes ciudades chinas, la alta contaminación que hace que tengas una visión velada de toda la ciudad.
Llegamos justo en vísperas de las celebraciones del Año Nuevo Chino y fue un aliciente extra el ver el centro de la ciudad decorado con lámparas rojas y doradas, conejos por todos lados -este año es el del conejo- y las decenas -si no cientos- de puestos que vendían flores, molinillos de viento -todos se compran uno en estos días-, caretas, caña de azúcar y cientos de cosas más, en el lado sur del río.
En un principio nos pareció demasiada larga la estancia de 4 noches que habíamos reservado en vista de lo difícil que estaba moverse por esta zona de China por el Año Nuevo. Pero no, Guangzhou da para mucho, como pudimos comprobar más tarde.
Dedicamos un primer día a pasear por la zona del río y las calles comerciales de Beijing Lu y Xinjiang Lu. Aquí hay cientos de tiendas pequeñas especializadas en copias de ropa y complementos de marca, relojes, DVDs, videojuegos…etc. Todo aquí es falso pero todos los chinos lo compran, así que tan malo no será. O sí.
También visitamos el templo Guangxuoi, el templo budista más antiguo de la ciudad. La entrada cuesta tan sólo 5RMB por persona y merece la pena pasar unos minutos de recogimiento en este lugar milenario. Enceded unos inciensos dejando una limosna y rezad tal como lo hacen los chinos. Muchos dejan también frutos y otros pequeños regalos a los pies de las estatuas.
Pasamos por la Catedral del Sagrado Corazón ya de noche y no tenía ninguna iluminación, pareciendo bastante decepcionante.
Otro de los días lo dedicamos a subir al parque más visitado por los turistas chinos en Guangzhou: Bai Yun Shan Park.
Hasta que no llegamos a la cola para coger el funicular, no nos dimos cuenta de la importancia y la fama que tenía este lugar entre los autóctonos. Cogimos el autobús número 1 -2RMB- cerca de la salida de Metro de Yuexiu Park y nos dejó en Yuntai Gardens. Desde aquí podéis subir hasta la cima de la famosa colina de 362 metros que ha servido de inspiración a escritores y otros artistas chinos. Hacerlo a pie y con calor es un pateo considerable, así que nos decantamos por la opción funicular.
El precio de un trayecto es de 25RMB por persona. La bajada es bastante más agradable pudiéndola hacer a pie sin problema.
Cuando llegamos arriba estábamos rodeados por un hervidero de gente. Hay restaurantes y puestos más pequeños de helados, bebidas y comida básica. Todos estaban hasta arriba de clientes.
Comimos unos sandwich y comenzamos a subir las cuestas y escaleras que llevan a la cima de la colina. Dice la tradición que la gente que sube hasta allí tendrá suerte con el dinero y, con eso como excusa, cobran 5RMB por persona justo en el acceso a ella.
Durante la bajada rodeamos la montaña por caminos menos frecuentados por la gente y acabamos saliendo a una parte del parque distinta a la que habíamos usado para entrar. Menos mal que conseguimos aclararnos con los signos en chino de las paradas y nuestro mapa para poder regresar al centro al primer intento (el bus número 38).
Siendo unos freakies de los supermercados nos paramos a ver qué tenían Carrefour y Tesco. Creo que esto no formará parte de la ruta turística que os ofrezcan en la oficina de turismo pero siempre nos ha gustado ver las diferencias de productos entre países muy distintos y la verdad es que resultó curioso ver la cantidad de frutos secos extraños, patas de pollo al vacío, frutas secas que no conocíamos y la variedad de comida china que se podía consumir en el momento. Las cosas para el baño, belleza, higiene y demás tienen precios similares a los de Dublín -algunos hasta más caros- pero la comida sí es más barata.
Lo que sí que no podéis dejar de visitar es la vieja zona europea de la Shamian Island. Son 3 ó 4 calles que parece que hayan sacado de la Vieja Europa y la hayan vuelto a montar, pieza por pieza, en medio de una ciudad asiática. Son las antiguas casas coloniales de los europeos civiles, algunos cargos militares -e incluso una pequeña iglesia del siglo XIX- pertenecientes a la época colonial.
Su vegetación y calles peatonales hace que sea un remanso de paz dentro de lo que es el ajetreo inherente a una gran urbe china.
Para llegar allí nosotros sólo teníamos que coger el ferry -0.5RMB por trayecto- desde Fangcun pero podéis llegar en metro hasta Huangsha si os alojáis en la otra parte del río.
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Guangzhou es la estrella de la cocina cantonesa, con lo cual los amantes de la comida china encontrarán otra razón de gran peso para visitarla.