En mi cuarto día en Jerusalén decidí visitar Hebrón. Conocí a una sueca de 18 años el día anterior en Belén con la determinación de visitar Hebrón pero sola no se veía con capacidad. Sin dudarlo, quedamos a las 7 y media de la mañana y nos dirigimos a la estación del este donde tomamos el autobús 124 en dirección al muro de Belén.
Desde la estación de Belén parten autobuses en dirección a la mayoría de lugares de Palestina. La estación es grande -con ascensor para hombres y otro para mujeres incluido- y una vez abajo encontraréis cientos de mini buses que indican su destino.
Pasamos el control del muro con rapidez yun taxi nos llevó al centro de Belén por 10 shequels. Ahí entramos en la estación de autobuses y rápidamente nos subimos a un mini bus que partía hacia Hebrón.
Hebrón es famosa por sus recientes atentados, masacres que ocurrieron hace unos años. También por los nuevos asentamientos judíos en la ciudad por parte de ciudadanos la mayoría venidos de Estados Unidos que tanta polémica han suscitado.
Hoy en día, viven unos 400 judíos diseminados en cinco asentamientos bien diferenciados y 350 militares protegen su seguridad.
Una vez llegamos a Hebrón atravesamos la calle principal de la ciudad. Un zoco tranquilo y popular donde no vimos a ningún turista y nos saludaron constantemente. Observé que la mayoría de ellos se quedaban mirando a la sueca y me hablaban a mi. Algún que otro niño nos siguió un buen rato hasta que llegamos al control de seguridad para entrar en la Tumba de los Patriarcas, también llamada Haram al-Khalil.
Se trata de un templo sagrado tanto para musulmanes como para judíos. En su interior se encuentran las tumbas de Abraham, su hijo Isaac, su nieto Jacob, sus esposas Haram y Leah. Incluso dicen que los cuerpos de Adán y Eva -o lo que quede de ellos- también se encuentran enterrados en la Tumba de los Patriarcas.
Desde la masacre de 1994 en la que un judío americano vestido de militar entró en el templo y asesinó a 26 musulmanes mientras rezaban, el templo se encuentra dividido en dos parte donde judíos y musulmanes se dividen.
La seguridad es extrema en ambos lados con controles de mochila y personal a estilo de los aeropuertos. En la entrada de ambos lados os preguntarán por vuestra religión. Decid que sois cristianos aunque tengáis vuestras propias dudas o creencias ya que así podréis entrar en ambas partes del templo.
En la parte musulmana se encuentran los cenotafios de Isaac y Rebeca. El techo está pintado espléndidamente y consta de dos amplias zonas de oración.
La parte judía goza de una preciosa vista del templo desde el exterior y en su interior cobija los cenotafios de Abraham y Sara y los de Jacob y Leah.
Volvimos por el mismo camino principal de la ciudad y charlamos un rato con un hombre que regentaba una tienda de artículos de tela. Formaba parte de una comunidad para la ayuda de los necesitados en Palestina y nos contó que justo encima de la tienda había un asentamiento judío que constantemente lanzaban porquería y piedra a la calle con la intención de echarlos. Incluso los chavales judíos les meaban desde sus ventanas. Construyeron una especie de reja en el techo de la calle para protegerse y puede verse toda la porquería que lanzan desde sus balcones. Por supuesto la misión de los militares en Hebrón es proteger a los judíos así que no hacen nada al respecto.
Su hijo nos subió al tejado de su casa donde nos mostró una perspectiva aérea de Hebrón, con cada uno de los cinco asentamientos judíos visibles y con su torre de seguridad para protegerlos. El gobierno ofrece casa y 1,500 euros a todo judío que se instala y con ello la tensión en Hebrón crece y crece especialmente en los días donde se celebra una festividad religiosa.
Tras él, vinieron chavales y otros ciudadanos con ganas de contar su historia. Pasan muy pocos turistas por Hebrón y cuando ocurre sienten la necesidad de compartir su experiencia para que la verdad traspase el muro y la conciencia occidental sobre la situación en Palestina.
Conocimos a un par de suecas -¡nunca pensé que en Hebrón acabaría rodeado de suecas!- que llevaban un par de años trabajando para una asociación no gubernamental como observadoras. Con ellas nos tomamos un té en una tienda de mujeres que realizan bordados y sus beneficios se reparten entre ellas, sin intermediarios. Realmente es un buen lugar para hacer vuestras compras. Lo encontraréis en la calle principal a mano derecha en dirección al Templo de los Patriarcas.
La experiencia en Hebrón y la cantidad de información y sensaciones fue mucho más de lo esperado. En ningún caso nos sentimos en peligro. Según nos contaron, Hebrón es segura siempre y cuando no se celebre ninguna festividad litúrgica, ya sea judía o musulmana. Entonces es cuando se lía. La gente sale a la calle y la tensión enerva los nervios y pueden producirse altercados o lamentables situaciones.
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Para volver retomamos el mismo camino. Nos dirigimos en mini bus hasta Belén donde un taxi nos llevó al muro. Una vez pasado volvimos a tomar el bus 124 que nos devolvió a la ciudad de Jerusalén.