
Después de visitar el Jardín Botánico de Gijón, cruzamos la acera, subimos una ligera cuesta y entramos por la imponente puerta de la Laboral de Gijón.
Este edificio es una de las perlas escondidas de la ciudad.
Construído en la época franquista, la Laboral de Gijón cumplía las funciones que tenían asignadas el resto de sus hermanas desperdigadas por toda España: formar a niños para aprender oficios.
En su época, llegó a ser el edificio más grande de toda España y éso es algo que su constructor, Luis Moya Blanco, quiso que todo el mundo apreciara situando la entrada al recinto en la parte más alejada de la ciudad de Gijón. Con este pequeño truco arquitectónico, obligaba a todos a recorrer toda la longitud de la Laboral antes de poder acceder a ella. Al recorrer la distancia entre el Jardín Botánico de Gijón y la entrada principal del edificio pude dar fé de la efectividad de la argucia de este genio.
La primera impresión que tuve al entrar es la de estar contemplando un palacete real -o presidencial- de otra época. No es sólo su tamaño, sino el porte señorial de los edificios que conforman el complejo. No en vano, una conocida cadena de hoteles compró una de las alas para hacer habitaciones de calidad 5 estrellas. Iba a ser el hotel más lujoso de Gijón pero la crisis abortó el intento por falta de capital. ¡Qué historia más nueva!.

En su construcción trabajaron la friolera de 13.000 obreros y la levantaron sin usar cimientos sobre unos terrenos del Estado usando, como materia prima, roca sacada de canteras cercanas a Gijón.
Las dos características que llaman la atención al visitante nada más cruzar el arco de entrada son la grandiosa torre de 130 metros de altura y la iglesia, de planta elíptica (aunque parezca totalmente circular a primera vista).
Desde 1955 a 1979, la Laboral de Gijón estuvo admitiendo alumnos, generalmente de clase baja, para enseñarles el oficio de la carpintería del metal. Cada Laboral de España estaba dedicada a un oficio en concreto y la especialidad de la gijonesa estaba enfocada a la aplicación inmediata que se le podía dar a esta habilidad en sus astilleros portuarios.
No se pagaba nada por la matrícula y los chavales vivían en régimen de internado. Cuando pasamos a las cocinas pudimos ver la cantidad de objetos y artefactos acumulados durante tantos años. Algunos de los hornos, balanzas de alimentos, mezcladores y batidoras gigantes son dignas de museo.

El techo se abre en forma de chimenea a no menos de 20 metros del suelo y aún quedan las manchas oscuras de un incendio ocurrido hace más de 40 años.
En ese amplio lugar 23 monjas clarisas se encargaban de cocinar para hasta 4.000 hambrientos alumnos. La verdad es que creo que se tomaban la poción mágica de Astérix o algo para alimentar a semejante marabunta tres veces al día.
Tomamos un ascensor para subir al puesto de observación en la torre. Está situado a 75 metros de altura y ofrece una bella vista aérea de 360 grados del complejo -incluyendo las múltiples pistas deportivas y el circular convento de las clarisas- y el Jardín Botánico de Gijón.
Tras sacar las fotos de turno pasamos a visitar el teatro de la Laboral. Construido en la posguerra, ganó en el 2010 el premio al teatro con mejor acústica de toda España. Sus asientos llegaron a estar recubiertos de piel de cabra, porque al ser más porosa recoge mejor el sonido. Es el más grande de Asturias con butacas para 1.426 personas y una programación envidiable hasta el día de hoy.

La iglesia de planta elíptica -la más grande del Mundo con esta característica- fue nuestra última visita en el recinto. Ya no se usa con fines eucarísticos sino como sala de exposiciones temporales. El efecto visual de la elipse que forma el techo es algo que marea y asombra a partes iguales.
El personal religioso fue sustituido por el laico a finales de los 70, significando el ocaso de las Laborales como tales pero sin que le hiciera perder su uso académico. No en vano, a día de hoy se encuentra allí la Escuela Jovellanos -que forma parte de la Universidad de Gijón- y la mitad de los talleres técnicos siguen siendo utilizados por alumnos de FP.
Por último quiero resaltar la fantástica labor de nuestro guía, Julio. Mira que he estado con guías en monumentos durante mis viajes y este chico se ha llevado el premio a la pasión, conocimiento y claridad de expresión. Con sus explicaciones podías llegar a transportarte en el tiempo y verte como uno de los internos sin ninguna dificultad.
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