
Teníamos 10 días por delante y mi pulso empezaba a alterarse a medida que el sagrado momento de poner el Out of Office en el PC del trabajo se acercaba. Cuando llegó ese momento rápidamente cerré la maleta -previamente preparada-, las ventanas y la puerta. El coche esperaba y la tarde prometía una larga etapa por carretera para embarcarnos en un viaje por el sur de Francia en coche que nos alejaría de la rutina diaria.
Era viernes y la idea era sacrificar el primer día de viaje haciendo kilómetros y meternos de lleno en Francia para así disfrutar al máximo los siguientes días sin hacer tantos kilómetros.
Barcelona se encuentra a unos 350 kilómetros, unos cuantos peajes y algo menos de 4 horas de trayecto de Montpellier. Apenas encontramos tráfico por el camino y llegamos en esas mismas 4 horas que indica Google Maps de una ciudad a otra.
Habíamos reservado un hotel a las afueras de Montpellier para la primera noche del viaje con anterioridad. En agosto, ya se sabe, tuvimos dificultad en encontrar alguna cosa barata por el centro de la ciudad. El elegido fue el Hotel du Parc Euromédecine. Se encontraba en un recinto alejado del centro y nos costó un par de llamadas al hotel para encontrarlo. Es un hotel antiguo con poco carisma. Más bien enfocado a los negocios que al turismo, la habitación doble nos salió por 65 euros -de hecho la mayoría de hoteles en nuestro viaje por el sur de Francia nos salieron por el mismo precio- y el desayuno no venía incluido con el precio. Al menos la conexión wifi era gratuita y la habitación estaba limpia y medianamente espaciosa. Suficiente para pasar la primera noche y preparar la ruta que nos esperaba para los siguiente días.
Por la mañana nos despedimos del Hotel du Parc Euromédecine y aparcamos el coche en un parking céntrico de Montpellier para desayunar y visitar la ciudad.
En la ciudad de Montpellier confluían el camino de Santiago en su vertiente francesa y la ruta de la sal. Los edificios de la ciudad todavía recuerdan su pasado con su legado medieval y los tonos blancos, ocres y rosas que visten sus antiguas fachadas ofrecen una agradable visita.
Para visitar las calles más emblemáticas del centro de Montpellier podéis trazar un círculo al centro de la ciudad y la visita no os debería llevar más de tres horas deambulando por sus calles:
De oeste a este marcad en el mapa el Arco de Triunfo siguiendo la Rue Foch hasta llegar al Jardín du Cahmp de Mars. En dirección de sur a norte, controlad la ubicación de las siguientes plazas: la Place de La Comedie, la Place Jean Jaures, la Place des Martyrs de la Resistance hasta la Place St Pierre donde se encuentra la catedral que lleva el mismo nombre y el casco antiguo de Montpellier. Si os guiáis por estos puntos podréis visitar los lugares más turísticos de Montpellier en poco tiempo.
Aparcamos el coche en un parking habilitado en el Arco de Triunfo y bajamos por una de las calles más frecuentadas de Montpellier: la rue Foch. Las tiendas más famosas se van sucediendo hasta que llegamos a la plaza des Martyrs de la Resistance, como su nombre indica, una escultura se levanta en medio de la plaza para conmemorar a los hombres que lucharon durante la segunda Guerra Mundial.

Más adelante encontramos el mercado y fue el lugar ideal para desayunar. Encontramos una linda plaza con terrazas justo enfrente del mercado. En una boulangerie compramos un par de croissants a 90 céntimos cada uno y nos pedimos un café con leche para untarlos a placer. El interior del mercado de Montpellier no tiene nada de especial pero a su alrededor podréis encontrar múltiples paraditas con productos típicos de la Cataluña norte como embutidos, fois y verduras frescas.
Retornamos a la Rue Foch y seguimos el camino hasta llegar a la plaza más famosa de Montpellier: la Place de la Comedie. Una enorme plaza donde vimos un mercadillo al exterior que aun así no impedía gozar de la extensión que ofrece esta bonita plaza. Sin duda, uno de los lugares más animados de la ciudad.
Tras perdernos un rato por el mercadillo llegamos al Jardin du Cahmp de Mars, un extensa zona verde que oxigena el aire de Montpellier, y volvimos hacia el centro para llegar hasta la Catedral de Saint Pierre. Se trata de una preciosa catedral levantada al estilo del Languedoc con sus curiosos pilares cilíndricos capitulando el pórtico de la iglesia. Lamentablemente sus puertas estaban cerradas al llegar y no pudimos ver el interior de la catedral.
Tras la catedral de Saint Pierre se extiende el casco antiguo de Montpellier. Un bonito barrio de casas altas y calles estrechas. A su alrededor encontraréis mansiones y palacetes que fueron construidos durante los siglos XVII y XVIII. Apenas encontramos gente deambulando por la zona y de vez en cuando te encuentras con bonitas plazas que ofrecen una ideal parada para tomarte un cafetito y disfrutar de la calma de esta bonita ciudad al sur de Francia.