Arica es una ciudad chilena más bien pequeña – 185.000 habitantes- por lo que pone en la Wikipedia y por lo que pude ver desde la playa, porque diciendo la verdad, no he pisado otro sitio aparte de la estación de buses, mi hostal -justo en frente de la estación-, el supermercado y la playa. Y sí, he sido feliz así.

Tengo que añadir que en contra de esta ciudad tenía todas las opiniones de todos los amigos chilenos que he conocido en este mes que llevo ya por estas tierras. Todos me hablaban de las bondades de su vecina Iquique -300 kilómetros más al sur- que es un destino turístico playero por excelencia y me comentaban que, aunque Arica tiene fama por el tema surfero, la ciudad -e incluso la playa- dejaban bastante que desear. Pues bien, yo decidí venir para estar lo más cerca posible de la frontera y con ganas de descansar un poco y tomar fuerzas antes de emprender una nueva etapa del viaje y creo que acerté de pleno.

Llegué desde Santiago, tras una paliza de bus de 30 horas, muchas de las cuales -gracias a Maradona, como dirían en Argentina– las pasé durmiendo. Sin embargo, las que estuve despierto quedé maravillado con el paisaje que vi: una mezcla de terreno lunar cercado por la costa salvaje del Océano Pacífico, con aguas de un azul intenso. Era un paisaje dramático en el que se me antojaba imposible que alguien pudiera vivir ya que era todo de una aridez extrema con montañas que parecían hechas de arena, de esas que ves imposibles de escalar porque te hundirías hasta la rodilla nada más intentar la primera zancada en ella. Sin duda, valió la pena pasar unas horas despierto y concentrado en el paisaje (sobre todo porque el monitor de televisión que tenía enfrente era el único que no funcionaba).

Hay varias compañías que te llevarán desde casi cualquier punto de Chile a esta ciudad. Yo elegí Tur-Bus, con la que no tuve una muy buena experiencia -por su alto precio- cuando la utilicé para pasar de Santiago a Mendoza -en Argentina- pero con la que al menos podía comprar en internet teniendo número de identificación chileno (ya os explicaré sobre esto en otro post).

En cuanto al alojamiento:yo me quedé en un hostal que se llama Las Cruces, casi justo enfrente de la estación de bus. La calidad es cutre cinco estrellas pero el precio pagado -3.500 pesos o menos de 5 euros- por la pieza simple con baño compartido, no está tan mal. Además, llegué a las 5.30 de la mañana sin saber donde ir y fui atrapado por un ecuatoriano de los que te guían a alojamientos nada más llegar. Si soy sincero, no la piso salvo para dormir y ducharme -con agua tibia- así que va bien.

También enfrente de la terminal hay restaurantes que ofrecen sopa y plato principal por menos de dos euros (1.200 pesos), aunque imagino que en el centro existirán lugares más bonitos.

La verdad es que no he visto mucho turista extranjero por el lugar y el 95% de los que venimos, lo hacemos para usar Arica como catapulta hacia Bolivia o Perú dada su situación geográfica. De hecho, sin ir más lejos, mañana me embarcaré en mi aventura peruana y cruzaré la frontera rumbo a Arequipa, comenzando una nueva etapa de mi viaje en el que iré solo, tras pasar un mes increíble con mi novia, amigos de la infancia y de Dublín. Han sido como unas vacaciones dentro del VIAJE que me han sabido a gloria.

Os seguiré informando desde Perú.

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