La mayoría de la gente asocia la ciudad de Cuzco -o Cusco- con el famoso Camino Inca y Machu Picchu, pero, una vez estás allí, te das cuenta de la gran cantidad de oferta cultural, de ocio e histórica que tiene este magnífico lugar.
Volamos de Santiago de Chile a Lima con Lanchile -de las mejores líneas aéreas que utilicé en los 5 meses de viaje– e hicimos noche en el aeropuerto de la capital peruana. Si alguna vez tenéis que pasar la noche allí os recomiendo no volveros locos buscando un buen sitio donde dormir. Simplemente, no lo hay. A las 7 de la mañana salía nuestro vuelo hacia Cuzco y poco más de una hora más tarde aterrizábamos allí. Nuestro ticket estaba incluído en los 20 vuelos de vuelta al Mundo que habíamos comprado en Dublín, pero si tienes un poco de pasta aún en tu bolsillo te aconsejo la opción de volar porque el bus desde Lima puede hacer que te tires 24 horas en las carreteras peruanas.
Nada más llegar se imponía la rutina que habíamos seguido por más de 4 meses cada vez que llegábamos a un nuevo lugar: buscar alojamiento, estaciones de buses o trenes, vuelta de reconocimiento por el lugar en busca de bares para comer o cenar y oficinas de información de turismo o alguna agencia de viaje.
Escogimos un pequeño hostal céntrico que nos ofrecía una pequeña habitación doble de decoración espartana y baño pequeño por el módico precio de unos 3 ó 4 euros por persona y noche. Estaba regentado por una familia y apenas tenía huéspedes. Dejamos allí las cosas y salimos a pasear.
Cusco está bien diferenciada en dos partes: la ciudad propiamente dicha y la zona antigua y más turística que la componen, principalmente, la Plaza de Armas con su catedral española y el enmarañado de callejuelas -siendo famosos el Barrio de San Blas y el de Santa Clara con sus casas de paredes blancas y balconadas marrones-que salen de la misma y te hacen creer que te encuentras en un pueblo del sur de España. Toda esta zona está dedicada al turismo. Encontrarás multitud de hostales y hoteles de todos los tipos, colores y presupuestos; pequeñas agencias de viaje donde te ofrecerán sus productos estrellas: el Camino Inca o -para los más vagos- la visita a Machu Picchu y el Tour por el Valle Sagrado; restaurantes, pubs y simples bares.
Aunque el lugar es un foco importante para el turismo, no estaba tan lleno de turistas cuando lo visitamos hace algo más de 4 años. Paseamos por su magnífico casco antiguo y su gloriosa Plaza de Armas con paso tranquilo, charlando tranquilamente mientras nos intentábamos imaginar cómo habría sido todo aquello hacía unos 500 años cuando los españoles de Pizarro ponían sus pies en las tierras de los Incas. Es un poco triste que aún hay gente peruana un poco resentida con este tema y miran a los españoles con cierto recelo que se hace algo más latente cuando te acompaña algún guía en algún tour histórico y comentan las atrocidades que realizaron los conquistadores. Y es cierto, se realizaron actos muy reprobables, pero nosotros nada tenemos que ver con aquellas generaciones y los viajeros queremos conectar lo máximo posible con las gentes de los lugares que visitamos.
Para los amantes de la arquitectura, la ciudad presenta una bonita mezcla de cultura española e Inca. Los conquistadores construyeron algunos conventos, varias iglesias, la catedral de la Plaza e incluso un arzobispado pero también se preservaron las construcciones Incas que son el orgullo de sus habitantes al resistir casi a la perfección el terremoto sufrido en 1950, cuando Coricancha –Templo del Sol– sobrevivió y la iglesia de Santo Domingo -construida por los españoles justo sobre el Templo para ofender a los Incas- quedó gravemente deteriorada.
Cusco rebosa de vida. Había mujeres ancianas tejiendo prendas coloridas en los aledaños de la Plaza, los hombres llevando mercancías de aquí para allá, niños vistiendo las camisetas del Cienciano -club de fútbol peruano que había llevado a la gloria a todo el país un año antes al ganar la Copa Libertadores al River Plate-que jugaban alborotados por las calles, comerciales de las agencias de viajes situadas en los bajos de la Plaza intentando captar algún turista con cara de estar buscando algo de información. Mucho colorido y mucha vitalidad, todo ello a 3.400 metros de altura donde para subir una cuesta de pendiente ridícula tienes que parar a tomar aire al menos dos veces.
¡Cómo me cautivó Cusco!