
Impulsado por la fuerza del amor, un hombre es capaz de conquistar un castillo por su dama. Un genio enamorado es capaz de convertirlo en un palacio para ella. Si el nombre del genio es Salvador Dalí y la princesa es Gala, entonces el palacio lo encontramos en Cataluña al visitar el Castillo Gala Dalí en Púbol en Gerona (Girona).
La pequeña población de Púbol es el tercer vértice de un triángulo imaginario único en España, complementado con Figueras y Port Lligat, las tres en Gerona y las tres residencias de Salvador Dalí en algún momento de su vida. Y las residencias de Dalí nunca han sido normales.

En Figueras construyó, sobre las ruinas de un teatro municipal, el Teatro Museo Dalí, abierto al público en 1974 y muestra física del universo imaginario del autor. En Port Lligat vivió entre 1930 y 1982, en una casa diseñada por él mismo que es museo desde finales de los años 90.

«Todo celebra el culto de Gala, hasta la habitación redonda, de eco perfecto, que corona el conjunto de la edificación y que es como una cúpula de esta catedral Galáctica; y cuando me paseo por esta casa, me miro y veo mi concentricidad. Me gusta su rigor moruno. Me faltaba ofrecer a Gala un estuche más solemnemente digno de nuestro amor. Por ello le regalé una mansión edificada sobre los restos de un castillo del siglo xii, en La Bisbal, el antiguo castillo de Púbol, donde ella reina como soberana absoluta, hasta el punto de que yo no la visito si no es con una invitación escrita de su mano. Me he contentado con decorar sus techos para que, al levantar los ojos, me encuentre siempre en su cielo».
Confesiones inconfesables (1973)
Salvador Dalí

Rompiendo también con la idea implícita en reparar que es renovar, a la hora de que Dalí abordara las obras del castillo les imprimió un cierto aire melancólico, dejando deliberadamente partes en ruinas, con arreglos mínimos o incluyendo falsos restos.
El castillo tenía una princesa pero Dalí reformó su interior a su gusto, a su estilo, o más bien para gustar a su amada. La simetría de los espacios se reduce al mínimo, la decoración dista mucho de la de la Edad Media pero es asombrosa.

Subiendo la escalera, con un enorme fresco de apariencia medieval a un lado, del patio interior llegamos a la primera estancia del primer piso. El Salón de los Escudos es, dentro de la discreción de un espacio diáfano, la primera muestra del universo que Dalí le ofreció a Gala.
Lo que parece una puerta abierta en una pared es en realidad un óleo sobre tela. Una silla es un trono para una Princesa con salvajes bestias a sus pies, prestas a ser montadas. La mirada que se eleva al techo encuentra golondrinas rodeando una bella, y surrealista, escena nocturna.

“Me he contentado en decorar los techos para que cuando Gala levante los ojos, me vea siempre en su cielo”

Los tonos de esta, en cortinas y mobiliario, son de un sereno y real azul. Podemos esperar de una princesa una cama a su altura y la que ella usaba lo es ciertamente, pues, con un dosel que no podía faltar, se proyecta hacia el elevado techo con una estética que, paradójicamente, resalta el pequeño tamaño del colchón.
El cuarto siguiente, el Baño de Gala, es una letra “u” invertida donde a un lado se encuentra el tocador, y espejo, al otro lado la bañera, y espejo, y entre ellas, una antigua chimenea, pues el lugar había sido una cocina. Azulejos, por supuesto con diseño de Dalí, cubren las obras hechas sobre chimenea y bañera.
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La habitación de invitados juega con el contraste de colores para diferenciarla de la de la señora de la casa, o, más correctamente, la Princesa del Castillo. Aquí la cama, que también tiene dosel, está dominada por el rojo.
Una silla con cucharas o una falsa cabeza de león sobre un armario son algunas de las pocas excentricidades que podemos encontrar entre la decoración del interior del castillo. Después de haber visto el Teatro Museo Dalí en Figueras, la visita al Castillo Museo en Púbol roza la normalidad de una casa en la que se vive, no un museo que exhibe piezas de arte.

Sin embargo, la huella más personal de Gala y de Dalí está en dos puntos distintos del edificio.
Pocas cosas hay más personales que un vestido, elegido con los ojos y la mente para nuestro deleite y el ajeno. Y de vestidos es precisamente la exposición “Las galas de Gala”, donde se exhiben trajes, de día y noche, que lució en algún momento de su vida la platónica amada de Dalí.


Y Dalí tiene también un pequeño espacio, en un rincón bien iluminado del comedor. Si el Castillo fue también su estudio, tras la muerte de Gala y durante dos años, allí produjo él sus últimas obras.
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Sobre un caballete se encuentra una reproducción de “Cola de golondrina y violonchelos (Serie de las Catástrofes)” de 1983. Frente al lienzo, la silla en que se sentaría el genio. A su derecha, una caja con tubos de pintura y una paleta de pintor.
Herramientas sencillas al servicio de una mente complicada.

“- Te regalo un castillo gótico, Gala.
– Acepto con una condición, que solo vengas a visitarme al Castillo con invitación.
– Acepto, ya que lo acepto en principio todo a condición de que haya condiciones. Es el principio mismo del amor cortés».
Salvador Dalí

En el exterior del castillo hay una terraza con vistas al campo, que salvo por un par de falsas estatuas clásicas podría estar ubicada en cualquier masía de la zona.
Para llegar a ella hemos de pasar por el garaje, de donde no se mueven una calesa y un Cadillac Sedán de Ville, el vehículo que trasladó el cadáver de Gala al castillo. De ella era un Datsun naranja que está aparcado fuera, esperando triste a una dueña que hace más de treinta años que no puede conducirlo.

Si alguien creía que el jardín del castillo iba a estar exento del toque surrealista de su dueño, se equivocaba de cabo a rabo.

El jardín tiene también una pequeña piscina, presidida por dos cariátides y con varios bustos de Wagner, el compositor preferido de Dalí, como contrapunto onírico.
Pero todo sueño tiene un despertar y el del amor es el más duro cuando nos es arrebatado sin vuelta atrás. El 10 de junio de 1982 moría Gala.
Dos cabezas de caballo, un torso desnudo decapitado y con varios miembros amputados al lado de una pequeña jirafa. Esas esculturas son toda la decoración de la cripta del castillo donde fueron enterrados sus restos, en uno de los dos nichos junto a los que nunca falta un jarrón con flores.

La ironía más triste es que la pareja de cinco décadas, la musa y el genio, no descansan juntos pues tras su fallecimiento en 1989 Salvador Dalí fue enterrado en Figueras y allí está su tumba.
Pero, tal vez, dónde reposen los huesos es lo de menos si, los dos eran cristianos, sus almas están juntas.
El Castillo Gala Dalí de Púbol está abierto al público desde 1996, esta es su página web y aquí el precio de las entradas y los horarios de apertura al público.
Además de las permanentes, hay exposiciones temporales en el Castillo de Púbol, como la de «Dalí, Shakespeare, Visconti» sobre la participación de Salvador Dalí en la obra de teatro «Como gustéis» de Shakespeare en Roma en 1948, con la dirección de Luchino Visconti.
Este es el Castillo Gala Dalí de Púbol en Google Maps: